Solo se puede sacar de una bolsa lo que ya está en ella.
Tantos trabajos y a la vejez andrajos.
El agua corre, la arena queda; el dinero va, la bolsa queda; el hombre muere, el nombre queda.
Dime caldero, que el caldero me llevo.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
La vara del carro hacia el sur y la rodada hacia el norte.
Fiebres otoñales, largas o mortales.
Hay que masticar las palabras más que un pedazo de pan.
El aburrimiento es el mejor enfermero
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
Sal no se cuenta con que es salado.
A la vejez, cuernos de pez.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Su ladrido es peor que un mordisco
A barbas honradas, honras colmadas.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.
Baco, Venus y tabaco ponen al hombre flaco.
La mujer y la gallina, por andar se pierden aína.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
Tempran es la castaña que por Mayo Regan.
Si comes cerezas con los poderosos te arriesgas a que los huesos lluevan contra tu nariz.
En el bosque no hay pájaros gordos.
Achaques el jueves, para no ayunar el viernes.
La mejor felicidad, es la conformidad.
Con "quizás" nunca hagas cuenta.
Variante: De casta le viene al galgo el ser rabilargo.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa ni aún de viejo.
En priesa me ves, y doncellez me demandas.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
Una madre de su hijo nunca se muerde hasta el hueso.
No hay empleo sin llevar un buen jamòn.
Incluso si conoces el camino, pregunta otra vez.
Al que da y quita le sale una jorobita.
Cuidado con los secretos porque son una poderosa arma. Puedes utilizarla a tu favor o puede ser reutilizada en tu contra.
Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí. (Confucio, 551-479 a. C.)
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.
Quién mucho come, mucho bebe; y quién mucho bebe, mucho duerme, poco lee, poco sabe y poco vale.
Un abuelo es como un caballo salvaje que ha sido entrenado por su hijo para que lo cabalgue su nieto.
La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
A las obras me remito.
Que mis enemigos sean fuertes y bravos, para que yo no sienta remordimiento al derrotarlos.
Nunca se pierden los años que se quita una mujer; van a parar siempre a cualquiera de sus amigas.
Calienta más el amor que mil fuegos
Los pájaros escuchan las palabras del día y las ratas las palabras de noche.
Después de que el barco se ha hundido, todo el mundo dice que sabía cómo se hubiera podido salvar.
Después del crepúsculo, los gusanos de luz piensan: ¡nosotros hemos iluminado el mundo!.
De copiosas cenas están muchas sepulturas llenas; pero de no cenar, muchas más.