Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
Récele a la Virgen, pero siga remando.
Rebuznar es de burros, errar de cazurros.
La casa del que se burla, acaba incendiándose.
Como soy gallego, ni pago ni niego.
Buena fama, hurto encubre.
Donde hay buen vino y la tabernera es guapa, allí se me caiga la capa.
Aquel pregona vino y vende vinagre.
A caballo regalado, no se le ve colmillo.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
No te fíes de las nieblas, ni de las promesas de suegra.
Si no sabes sonreír, no pongas tienda. (Confucio).
Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.
Hablo de la gente de nuevo cuño.
No todo lo que pendula cae
El que no chilla, no mama.
Antes de criticar, mírate la cola.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Vale más una vieja que un pejeverde.
Nunca des consejo sin que lo pidan.
Pan de días dos, vino de años tres, y Venus, cada mes.
El primer grado de locura es creerse cuerdo, y el segundo proclamarlo.
Por el becerro se amansa la vaca
Una liebre con dos galgos se avasalla, y si se va que se vaya.
Cuando todo ha pasado, solo la verdad y el honor permanecen.
Los que beben mucho no le encuentran el gusto
Gallo viejo con el ala mata.
Reniego del árbol que a palos ha de dar su fruto.
Febrero el corto, el pan de todos.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Miren quién habló, que la casa honró.
Ocurre en las mejores familias.
El miedo a los pequeños defectos hace crecer los grandes
¿Queres dormir al sueño?
Mujer, viento, tiempo y fortuna, presto se muda.
La liebre que se te ha de ir, cuesta arriba la has de ver ir.
El pobre de su pobreza no sale.
La primavera la sangre altera.
Febrero y las mujeres, entre cuatro paredes.
De donde no hay pan hasta los perros se van.
El espantajo solo dos días engaña a los pájaros; a los tres, se cagan en él.
Quien siembra favores, cosecha rencores.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Ya me cansé de descansar.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
Si hay miseria, que no se note
La felicidad consiste a menudo en el arte de saberse engañar
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
Si la cobija es corta, aprende a doblarte.
Afanar y no medrar es para desesperar.