Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
El comer no admite espera, el pagar, la que se quiera.
El viejo desvergonzado, hace al niño mal educado.
Coma y beba con sus amigos pero no negocie con ellos.
El que tiene tierra, tiene guerra.
Cuesta poco prometer lo que jamás piensan ni pueden cumplir.
El que se rompe los dientes con la cáscara raramente come la almendra.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.
Cacarear y no poner, bueno no es.
La tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos.
Es siempre provechoso abrir cualquier libro.
Un invitado debe marchar a tiempo y no abusar de su bienvenida; incluso un amigo se vuelve molesto si se queda demasiado tiempo.
A la bota, darla el beso después del queso.
No desprecies el consejo de los sabios y los viejos.
Lo que no cuesta no vale.
Este anda más perdido que el hijo de la llorona.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
Quien te quiere, te aporrea.
El árbol más fuerte y frondoso vive de lo que tiene debajo.
Árboles y hombres, por su fruto se conocen.
A chica cama si queréis remedio, echaos en medio.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
El melón por la mañana, oro; por la tarde, plata; por la noche, mata.
Es gran bobada poner cebo al ave cazada.
Cosa fea, ni se haga ni se aprenda.
No metas a tu casa a quien te sacara de ella.
La verdad es a veces amarga de tragar. Pero, como toda buena medicina, hay que tomarla.
Contra peón hecho dama, no para pieza en tabla.
Julio, siega y pon tres cubos.
El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
No hay alegría sin aflicción.
De padres asientos, hijos taburetes.
Tarea hecha a destajo no vale por mil y mil no valen por una.
Gana tiene de otra cosa la doncella que retoza.
En mi casa mando yo que soy viudo.
Juglares y putas, cuando envejecen nadie los busca.
Con pasteles de esperanza, nunca se llena la panza.
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
El que nace pa maceta, no pasa del corredor.
Rubias o morenas, cuando pierden el tinte, dan pena.
Ovejas y muchacha, al atardecer a casa.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
En gran casa, a muchos el trabajo cansa.
Al santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada.
Arremangóse mi nuera, y volcó en el fuego la caldera.
¡Cómo sufre mi pecho que late!
Favor retenido, no debe ser agradecido.
Dábale el judío pan al pato, y tentábale el culo de rato en rato.
Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo.