Hombre hablador, nunca hacedor.
Al que trabaja y anda desnudo, ajo y vino puro.
Es de los enemigos, no de los amigos que las ciudades aprendan la leccion de construir murallas altas.
Asnos y mujeres, por la fuerza se entienden.
Quien envidioso vive, desesperado muere.
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
El que presume de honrado, presume de desgraciado.
Buey viejo asienta bien el paso.
Miente una sola vez y no te creerán después aunque digas la verdad.
Buena burra hemos comprado.
De mala vid, mal sarmiento.
Más enseña la necesidad que diez años de universidad.
La labranza es hermana gemela de la crianza.
Ahullama no pare calabaza.
Hablar de la mar, y en ella no entrar.
Come para vivir y bebe para comer.
Secreto entre mujeres, secreto no eres.
El melón en ayunas es oro; al mediodía, plata; y por la noche, mata.
El dinero y los pendejos, siempre acaban separados.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Juego de manos es de villanos.
La zorra mudará los dientes, más no las mentes.
Con el callar, vencerás.
El sol brilla para todos.
Cabeza para naciente y pies para poniente.
En vísperas de viajar no te pongas a jugar.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
Deja tranquilos a los perros que duermen.
Por un perro que maté, mataperros me llamaron.
Se habla de buenas acciones sin llevarlas a cabo y se hacen buenas acciones sin hablar de ellas
Una buena acción es la mejor oración.
No hay zurdo bueno.
La necesidad agudiza el ingenio.
Magra olla y gordo testamento.
Algo quiere la coneja, cuando mueve las orejas.
Los ojos todo lo ven, y a sí mismos no se ven.
Real ahorrado, real ganado.
Coja o tuerta, la que está junto a tu puerta.
El hombre de carácter atraviesa mil ríos sin mojarse los zapatos
El hombre que te parece feliz a menudo es más infeliz que tú
Más vale el hueso en Marzo que la carne en Mayo.
En hacer bien nunca se pierde.
Bien vayas donde mal no hagas.
Cuando la gana de joder aprieta, ni el culo de los muertos se respeta.
Quien mucho habla de sí mismo, mintiendo está con cinismo.
Hoy no se fía aquí, mañana sí.
No digas nada de mis deudas a menos que pienses pagarlas.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.
La diligencia es madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.