Nada sacar y mucho meter, receta segura para crecer.
El pimiento pequeño es más picante.
Buena es la guerra para el que no va a ella.
La fortuna ayuda a los que se ayudan a sí mismos.
Donde ruge el tigre no rebuzna burro.
Año de avellana, año de ratoncillos y de nieve.
No cabíamos en casa y parió la abuela.
El que no tiene experiencia, que tenga imaginación.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Los fanfarrones son lo que menos hacen.
A la feria muchos van a ver y no a comprar.
Pintada en los WC.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera.
El que come hasta enfermarse tiene que ayunar hasta reponerse.
Está en todo menos en misa.
Si prestas, o pierdes el dinero o ganas un enemigo.
El brazo a trabajar, la cabeza a gobernar.
Cuando el dinero habla, la verdad calla.
De un cólico de vino y espinacas no se muere ningún Papa.
A la cabeza, el comer endereza.
En almoneda, ten la boca queda.
El maestro sabe lo que hace.
No se llega al alba sino por el sendero de la noche.
Mejor ir tarde al destino, que rodarse en el camino.
Gratis, hasta las puñaladas.
Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar.
El bien se vende por onzas y el mal por arrobas.
No hay amor feo ni cárcel alegre.
Dos no discuten si uno no quiere.
El silencio hiere más, que la palabra procaz.
El corazón jamás habla, pero hay que escucharlo para entender.
Coloca a tu burro junto a otros burros y aprenderá a rebuznar.
No te metas en pleito de marido y mujer, porque se arropan con la misma sabana.
Ningún rencor es bueno.
Alzada en enero, ha de ser para buena.
A hora mala no ladran canes.
Ahora al bueno le llaman tonto.
La paciencia cura todos los males, pero ¿cuántos tienen suficiente paciencia hasta que se cure el mal?
Mucho dinero, época virtude; poco dinero, mucha salud.
Al dedo malo, todo se le pega.
Aún no ensillamos y ya cabalgamos.
Más vale pedir perdón que pedir permiso.
Cabrito, ganso y lechón, de la mano al asador.
Nadie puede atar las lenguas a las gentes.
Su tarea es cuidar a los mayores, a los indefensos, a aquellos que no pueden hacerlo por su cuenta, y por sobre todo, a los niños, el futuro de la humanidad.
A veces un veneno, para sacar otro es bueno.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre.
Donde se quita y no se pon, se llega pronto al hondón.