Cuentas claras, amistades largas.
Músico pagado, contento pero desafinado.
No satisfagáis jamás hasta la saciedad vuestros deseos; así os proporcionaréis placeres nuevos.
Costumbre mala, desterrarla.
Feliz es aquel que aprieta sobre su pecho por una noche o por un año, a una amiga con la faz de luna
Esto son habas contadas.
Mucho Madruga el que una cartera que encontró; pero más Madruga el que la perdió.
Vale más tomar agua con un amigo que néctar con un enemigo
El buen vino sugiere buenos pensamientos y el malo perversos.
Quien corteja a una casada, la vida lleva prestada.
Un grito a tiempo vale más que cien indios a caballo.
Incluso si conoces el camino, pregunta otra vez.
Vase la fiesta y resta la bestia.
El agua fría es de abajo hacia arriba.
El asno enamorado, muéstralo a coces y a bocados.
En vísperas de viajar no te pongas a jugar.
La glotonería acaba con muchos.
Alforjas llenas quitan las penas.
En San Antón dijo el gallo a la gallina pon.
Rebuzné una vez, y como burro quedé.
El cariño alimenta tanto como el odio consume
Un beso robado no se devuelve fácilmente.
Quien se viste de mal paño, dos veces se viste al año.
Madre dispuesta, hija vaga.
Fantasía y pobreza, todo en una pieza.
En el verano, unos tiran la paja y otros recogen el grano.
A gran chatera, gran pechera.
A braga rota, compañón sano.
Un corazón amante y bello nunca es viejo.
Los pajaritos de arriba, siempre se cagan en los de abajo.
Hombre chiquitín, alcahuete y saltarín.
Cada uno se apaña según tiene maña.
Valor y querer, facilitan el vencer.
La sugestión obra.
En el mundo no hay banquete que no tenga fin.
Es mejor que digan: “Por aquí corrió”, que no “Aquí quedó.”.
Daños, engaños y desengaños, frutos son de los años.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
Una mentira puede matar mil verdades.
El amor se manifiesta por muchos signos amargos
Un corazón feliz es un filtro mágico para hacer oro
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
él que no aprecia uno, no puede conseguir mil.
Para librar a vuestros hijos de esos vicios y calamidades haced que desde niños se den a la virtud y trabajos.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Cuando el gallo canta y después bebe, pronto truena o llueve.
El alcalde de mi pueblo, ¡qué burro tiene que ser!, para mandar en nosotros, que semos más burros que él.
Lo que unos inventan, los otros lo aumentan.
Más vale mendrugo que tarugo.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.