Es más molesto que una piedra en el zapato.
La jodienda no tiene enmienda.
Ningún rico se recuerda, cuando era mozo de cuerda.
Los puñales y las lanzas no son tan afilados como las palabras.
Ni la pobreza obliga a nadie a robar, ni la riqueza lo evita.
Putas y tuertos todos somos vueltos.
¡Lo que va de lo vivo a lo pintado!.
Con lo que Sancho sana, Domingo adolece.
El arbolito desde chiquito.
De cien en cien años, vuelve el río por sus andamios.
Cada deuda, por pequeña que sea, es el anillo de un grillete.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.
Mientras mees claro y pees fuerte no le temas a la muerte.
Por la víspera se conocen las fiestas.
No te alabes antes de que acabes.
Café cocido, café perdido.
El que bien te quiere no te engaña.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
La amistad entre los hombres que se estiman es como la luna nueva que crece a medida que pasan las noches
Los hijos heredan las culpas de los padres
Que dulce queda la mano al que da.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
La sabiduría consiste en saber que se sabe lo que se sabe y saber que no se sabe lo que no se sabe.
Compañía del ahorcado: ir con él y dejarle colgado.
Lo mal ganado, ello y su dueño se lo lleva el Diablo.
Que mi Dios nos dé un varón, aunque resulte bribón.
El día de San Ciruelo, pagaré lo que debo.
Hombre lisonjero, falso y embustero.
El ratón que no tiene más que un agujero, presto llega al moridero.
Oveja cornuda y vaca barriguda, no la trueques por ninguna.
Quien no oye consejo no llega a viejo.
Las oportunidades no se pierden, siempre hay alguien que aprovecha lo que uno deja pasar.
Lo que no se empieza no se acaba.
Los buenos maestros enseñan hasta cuando se equivocan.
Anda el hombre a trote por ganar su capote.
De molinero cambiarás, pero de báscula no pasarás.
Quien guarda halla, si la guarda no es mala.
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba.
Hombre sin dinero, lobo sin dientes.
No hay duelo sin consuelo.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Aunque tengas sesenta consejeros, aconséjate primero a ti mismo
Año bisiesto, ni viña ni huerto.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
El amigo ausente, como si fuese presente. Has de estimarlo y tenerlo en memoria.
El asno puede entrar en el templo, pero no por ello se convierte en monje
El mal llama al mal.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
No hay gato que no tenga uñas.