El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
Por San Andrés, corderillos tres.
Mas vale paso que dure, que trote que canse.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
Págase el señor del chisme, más no de quien lo dice.
Tan cabrón se es con un cuerno como con dos.
Gozo que no se comunica, se achica.
Solo los pies del viajero saben el camino.
Calumnia, que algo queda.
Eres de la ley del tordo, las patas flacas y el culo gordo.
Para volver a la buena senda, cualquier hora es buena.
El hombre es verdaderamente libre cuando ni teme ni desea nada
De árbol enfermizo no esperes fruto rollizo.
El pan comido, hace al que lo da amigo.
Si entiendes, las cosas son así. Si no entiendes, las cosas son así.
Más cura la dieta, que la receta.
Del mal pagador, siquiera en pajas.
Para su casa no hay burro flojo.
Es más terco que una mula.
Al perro y al gato no les pongas en el mismo plato.
Mujeres en visita, luego sueltan la maldita.
Chica es la abeja, y nos regala la miel y la cera.
Cuando te sople bien el viento, aprovéchalo.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
Decir suele ser señal de no hacer, como ladrar lo es de no morder.
Un buen pedo puede hacer ruido largo tiempo.
Y viendo el tabernero que perdía, también bebía.
Ladrón de casa, todo lo arrasa.
Que cada sacristán doble por su difunto.
Grano a grano, se llena el granero.
Quien habla sin razonar, mucho lo ha de lamentar.
Dicen y decimos que más vale un hermano que diez primos.
El traidor y el incapaz, siempre asechan por detrás.
Si tu vida es adversa, pon la reserva.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
Más haces callando que gritando.
Qué bien canta María después de la comida.
En mala casa, mal amo y mala masa.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
A cada ollaza su coberteraza.
¡Oh suerte injusta!. Al rico se le muere la mujer y al pobre la burra.
El ladrón sin ocasión para robar, se cree un hombre honrado.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
Cada puerta va bien en su quicio, y cada uno en su oficio.
A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.
La leña del cerezo, salta a la cara del viejo.
Con razón decía Serafín, que el trabajo no tiene fin.
Quien tiene poco que ponerse, rápido está engalanado.
Contra fortuna, no vale arte alguna.