Echar confites a un cochino, es desatino.
Hacerse el tonto es mejor que andar en coche.
Para ser sabio el amor no necesita ir a la universidad
Ese es carne de presidio.
Haga lo que yo mando, no lo que yo hago.
La novia del estudiante nunca llega a ser la esposa del profesionista.
Pareces mula cargada, a cada paso un pedo.
Este si que se llevo el santo y hasta las limosnas.
El cuerpo eterno del hombre es la imaginación
Si al construir se escuchara el consejo de todo el mundo, el techo nunca se llegaría a poner.
La enfermedad entra por la boca y la desgracia sale de la boca.
Te perdono el mal que me haces nomás por lo bien que me caes.
La rata avisada, no muerde carnada.
Variante: Caga más un buey que cien golondrinas.
No encomie un vado hasta que lo hayas pasado.
El labrador siempre está llorando, o por duro o por blando.
Al desdichado, poco le vale ser esforzado.
Lo que cada uno vale, a la cara le sale.
Un hombre es tan sabio cuanto a su cabeza, no cuanto a sus años.
Quien hace preguntas no es tonto.
El que tiene es el que pierde.
No es oro todo lo que reluce.
El oficial hace la obra, y el maestro la cobra.
No dar ni recibir, sin escribir.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
Por Santa Cruz, toda vida reluz.
Ir a la guerra, navegar y casar, no se ha de aconsejar.
Amistad pasajera nunca es verdadera.
La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse.
No resulta dulce el melón recogido cuando está verde.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
El cazador no se frota con grasa y se pone a dormir junto al fuego.
Quedo como la teta de la vaca, ni en el cuero ni en la carne.
Todos los hongos son comestibles, algunos solo una vez.
Berenjena, ni hincha ni llena.
Si quieres pollos el día del Señor, pon a incubar el día de la Ascensión.
A donde te duele, ahí te daré.
Cada campana suena según el metal del que está hecha.
La culpa no la tiene el chancho, sino quién le da el afrecho.
Mente sana, cuerpo sano.
Abracijos no hacen hijos, pero son preparatijos.
Cada perro, con su hueso.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
De solo aire no vive nadie.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
El necio o no se casa o se casa mal.
La excepción confirma la regla.
La mujer te cambia hasta el modo de caminar.
Es en vano dar razones cuando no las escuchan.
Nada puede decirse, que no se haya dicho.