Al buen callar, llaman Santo.
La venganza es un plato para tomar frío.
Ladrillo sobre ladrillo se construye una casa.
Un candado para la bolsa y dos para la boca.
Si quieres vida segura, asienta el pie en la llanura.
Hasta la más mojigata, le gusta alzarse la bata.
Más peligroso que una puñalada al hígado.
Más sabe el zorro por viejo que por zorro.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
Eres de la ley del tordo, las patas flacas y el culo gordo.
El brasero, llega mejor a los primeros.
Una de cal y otra de arena, hacen la mezcla buena.
El que mal se maneja, despacio padece.
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba.
Desde San Antón, una hora más de sol.
Nadie muere motón.
La razón la tiene Sansón.
No hay espada contra la simpatía afectuosa
La mala vida acaba en mala muerte.
Ráscate la pierna, que te duele la cabeza.
Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
El hablar es plata y el callar es oro.
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
Es fácil caer en una trampa, pero difícil salir de ella.
Quien no da aquello que ama, no recibe lo que ansía
Caja abierta y culo a besar, a nadie se le puede negar.
Si quieres vivir feliz trágate tu dolor
Cabeza grande, poco seso y mucho aire.
Árbol copudo da sombra, aunque no dé fruto.
De pastores, pastoradas y si te embobas alguna pedrada.
La ociosidad enseña muchas maldades.
Para buena vida, orden y medida.
Real que guarda ciento, es buen real.
Mientras hay alma, hay esperanza.
La mula feliz la pasa: fornica y no se embaraza.
Por San Antón, la gallina pon.
Ni tengo padre, ni madre, ni perro que me ladre.
Mal ayuna el que mal come.
Cuando uno se enoja, la razón se va de paseo.
Comer, besar y rascar, es solamente empezar.
Como que se murió si me debía.
Perro viejo no aprende trucos nuevos.
Si a los treinta no te has casado ni a los cuarenta eres rico, arre borrico.
El mal entra como loco, y sale poco a poco.
La fortuna a los audaces ayuda.
Si se quiere coger una rosa con el tallo largo, no hay que temer a las espinas
Hacer una cosa en un avemaría.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
Pisarás el umbral del bienestar, cuando empieces a sentirte satisfecho con apenas nada.