El paraíso está en el regazo de una madre.
Gallina que canta ha puesto un huevo
De buenas intenciones, está empedrado el infierno.
Vino, amigo y aceite, cuanto más antiguo más ferviente.
Una olla y una vara el gobierno de una casa.
El amor, la tos y el fuego, no pueden ser encubiertos.
Ante la desgracia y el dolor, ten un poco de gracia y humor.
De ese infierno no salen chispas.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
Buena fama merece quien por su patria muere.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Perro no come perro y tú ya me estás tragando.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.
Uva a uva llenaba la vieja la cuba.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
Un maravedí sobre otro llegan a comprar potro.
La labor de Enero no la cambies por dinero.
Cara sin dientes, hace a los muertos vivientes.
Cuida tu cerebro que tu cerebro cuidará de ti.
A la pereza persigue la pobreza.
El que cuida la higuera, comerá de su fruto.
No hay mudanza que pueda bien hacerse sin dosis buena de templanza.
La vida no es senda de rosas.
Dos no riñen si uno no quiere.
Las palabras ásperas hieren más de una flecha envenenada.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre.
El hijo del bueno, pasa malo y bueno.
Al asno lerdo, arriero loco.
Quien acepta demasiados regalos vende cara su libertad
Mujer precavida vale por dos.
Dar santo y bueno, pero del pan del ajeno.
Más quiero poco seguro que mucho en peligro.
Burro cargado, busca camino.
Y viendo el tabernero que perdía, también bebía.
Nunca falta quien dé un duro para un apuro.
Usted lea en su libro, que yo leo en el mío.
Llega lo inesperado y malogra todo lo pensado.
A buen hambre, no hay pan duro.
Lo fiado es pariente de lo dado.
Las naranjas de Teresa, puro bagazo y corteza.
Las truchas y las mentiras, cuanto mayores, tanto mejores.
En casa del jugador loco, la alegría dura poco.
El que quiera/e la col, quiera las hojas de alrededor.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.
La flor no se conserva roja cien días.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.
Para el olvido, el ausente no es más que un muerto viviente.
Cuanto en tu casa me metí, mejor callar lo que vi.