Quitar la leña debajo de la caldera.
En el cielo tiene más poder un niño que siete sacerdotes.
Antes de hablar, pensar.
Estás entre la espada y la pared.
De la esperanza vive el cautivo.
Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente, se discreto.
Proclamo en voz alta el libre pensamiento, y que muera el que no piense como yo
Ni buen consejo de moza, ni buena camisa de estopa.
Un buen libro es un tesoro: cada hoja, un pan de oro.
De lo que pensé para mí, a nadie cuenta di.
Niño feito, pega morta. Nido hecho, urraca muerta.
La suerte la pintan calva.
El hábito no hace al monje.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
Condición de buen amigo, condición de buen vino.
El tiempo todo lo alcanza, a la corta o a la larga.
El gusto se rompe en géneros.
Me agarro hasta de un clavo ardiendo.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
Mal por mal, mejor está mi Pascual.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
En la vida no me quisiste, en la muerte me plañiste.
El que no corre, vuela.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Muerto, ¿quieres misa?.
El mal llama al mal.
Casado delgado y fraile tripón, ambos cumplen su obligación.
Tres saberes gobiernan el mundo: el saber, el saber vivir y el saber hacer, pero el último ocupa a menudo el lugar de los otros dos.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor.
Amigo viejo para tratar y leña seca para quemar.
Más quiero un mediano remedio, que cuatro buenos consejos.
Al agradecido, más de lo pedido.
Las cosas caen por su propio peso.
Amigo, ¿para qué buscas mejor pan que de trigo?.
A quien por sufrir deja la vida, vida por sufrir deja a la muerte.
Intelecto apretado discurre que rabia.
Abad y ballestero, mal para los moros.
Los políticos son como los perros, solo entienden a periodicazos.
Si te molesta que te mientan, no preguntes.
Hay quienes ante el peligro se crecen.
Nadie se muere dos veces.
Cuando bebas, no manejes; se te puede dar vuelta el vaso.
Las palabras son como las piedras, que no se pueden revocar.
Ni gazpacho añadido, ni mujer de otro marido.
La fruta madura se cae sola.
Renuncia solo cuando estés bajo tierra
Buey viejo, lleva el surco derecho.
Año derecho, de la era al barbecho.