Comparte la carga y ésta será más ligera.
La paciencia es amarga, pero produce un dulce fruto.
La pisada del amo, el mejor abono.
El pollo de enero a San Juan es comedero.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.
En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.
Quien anda con lobos a aullar aprende.
El embustero es un almacén de promesas y de excusas.
Ajada tenemos, a San Pedro recemos.
Hoy no se fía, mañana sí.
A tu tierra grillo aunque sea con una pata.
Nunca con menores, entables amores.
Hermano mayor padre menor.
El beso lo inventó Dios y el diablo lo que viene en pos.
¡Qué bella flor el laurel rosa! y ¡qué amargo es el laurel rosa!.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
Se debe desconfiar de un mal libro como de una seroiente, que temprano o tarde da muerte a los que se distraen en ella.
Bien canta Marta después de harta.
De padres asientos, hijos taburetes.
Hay de todo en la viña del Señor.
Del viejo, el consejo; y del rico el remedio.
Por bien o por mal no te quites el sayo hasta San Juan.
Si mi cuerpo muere, deja que mi cuerpo muera, pero no dejes morir a mi país
En la oscuridad todas las mujeres son bellas
En calma el mar no creas, por sereno que lo veas.
Sol puesto, obrero suelto.
El desdichado va por agua al río, y encuentra el cauce vacío.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
Nunca falta un borracho en una vela.
Ijurra, ¡no hay que apurar la burra!.
Los profetas y adivinos, embaucan a los cretinos.
Hace tiempo solía meditar durante muchos días seguidos, pero vivir un breve espacio de tiempo vale más; hace un tiempo solía ponerme de puntillas para mirar lejos, es mejor ampliar el propio horizonte subiendo a un montículo
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
La tonsura el padre se las deja a los hijos.
Mientras dura, vida y dulzura.
Come Juan Gómez, que de lo tuyo comes.
Un país con muchos arenques no necesita médico.
De esta capa nadie se escapa.
Hacienda de muchos, los lobos se la comen.
El beber es el placer, y el pagar es el pesar.
El tomate hasta que se remate.
Un grito a tiempo vale más que cien indios a caballo.
Quien el incendio busca o se quema o se chamusca.
De quien te habla y no te mira mientras haces alguna cosa espérate la traición.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Al viejo y al olivar, lo que se les pueda sacar.
Joven, guapa, con dinero y a mi puerta viene a llamar, ¡trampalantrán!.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
Una escoba ataviada, por dama hermosa pasa.
La hija paridera, y la madre, cobertera.