¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Zapatero remendón, suela vieja y almidón.
Pan y vino y carne quitan el hambre.
El vino como el rey, y el agua como el buey.
El puente solo se repara cuando alguien se cae al agua.
Cuando el dedo señala la luna, el bobo mira el dedo.
La paciencia es el puerto de las miserias.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
El agua fría es de abajo hacia arriba.
Cada palo que aguante su vela.
Hay gente que le das la mano y te agarra el pie.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Quien por lo llano tropieza, ¿qué hará en la sierra?.
Dale con que va a llover.
Borrón y cuenta nueva, la cuenta pasada aprueba.
La sal no es atacada por las hormigas.
La mujer es gente en la letrina.
Más mueren de ahítos que de aflitos.
La vida pende de un hilo.
Quien teme a las almas, se topa fantasmas.
El pícaro y el villano, la pagan tarde o temprano.
No me pongas palabras en la boca que no he pronunciado!
Un amor reciente es como el vino nuevo que tiene que madurar para ser bueno
Tripas llevan pies, que no pies a tripas.
El viento que el marinero quiere no sopla siempre.
Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la mueve.
Casada te veo; otro mal no te deseo.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
Ni cuatro caballos galopando pueden recuperar la palabra empeñada.
Solo borracho o dormido se me olvida lo jodido.
Contigo duerme y contigo come quien te los pone.
Cambiar de opinión es de sabios.
A caballo ajeno, espuelas propias.
Donde entra la cabeza, entra la cola
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Nadie se baña dos veces en el mismo río, pues siempre es otro río y otra persona.
Agárrate, que hay curvas.
Todos llorando nacieron, y nadie muere riendo.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
Siempre que puedas, mantente cerca de los que tienen buena suerte.
La necesidad hace maestros.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Caldera observada no hierve jamás.
Cada pelo hace su sombra en el suelo.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
Si andas por el camino extraño, no te alces mucho el sayo.
Pan ajeno, caro cuesta.