La cabeza blanca y el seso por venir.
Después del relámpago viene el trueno.
El puente solo se repara cuando alguien se cae al agua.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
El vino como el rey, y el agua como el buey.
La paciencia es el puerto de las miserias.
Las abejas hacen la miel, y las moscas se la comen.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
El agua fría es de abajo hacia arriba.
Más mueren de ahítos que de aflitos.
Cuando el dedo señala la luna, el bobo mira el dedo.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Borrón y cuenta nueva, la cuenta pasada aprueba.
La mujer es gente en la letrina.
Quien por lo llano tropieza, ¿qué hará en la sierra?.
Hay gente que le das la mano y te agarra el pie.
La sal no es atacada por las hormigas.
Un amor reciente es como el vino nuevo que tiene que madurar para ser bueno
Quien teme a las almas, se topa fantasmas.
No me pongas palabras en la boca que no he pronunciado!
Dale con que va a llover.
Cada palo que aguante su vela.
El viento que el marinero quiere no sopla siempre.
El pícaro y el villano, la pagan tarde o temprano.
Casada te veo; otro mal no te deseo.
Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la mueve.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja.
Tripas llevan pies, que no pies a tripas.
La vida pende de un hilo.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
Ni cuatro caballos galopando pueden recuperar la palabra empeñada.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
Solo borracho o dormido se me olvida lo jodido.
Cambiar de opinión es de sabios.
A caballo ajeno, espuelas propias.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Contigo duerme y contigo come quien te los pone.
La necesidad hace maestros.
Nadie se baña dos veces en el mismo río, pues siempre es otro río y otra persona.
Agárrate, que hay curvas.
Donde entra la cabeza, entra la cola
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
Siempre que puedas, mantente cerca de los que tienen buena suerte.
Pan ajeno, caro cuesta.
Caldera observada no hierve jamás.
Haz tres veces una cosa que está mal hacer y ya te parecerá buena.
Todos llorando nacieron, y nadie muere riendo.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
Más se aprende en un día de soledad que en ciento de sociedad.