No olvides que la fortuna cambia como la luna.
Mal haya la pájara que en su nido caga.
Cinco: por el culo te la hinco.
Lo que fuere sonará.
De bajada todos los santos ayudan
Quien no arrisca, no aprisca.
A un fresco, un cuesco.
Por San Martino, se prueba el vino y se mata el cochino.
Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren.
Con pañuelo de seda vas a la arada, señal de tener mucho o no tener nada.
Negar que negarás, que en Aragón estás.
Dar una fría y otra caliente.
Está oscuro debajo de la lámpara
Casa donde la mujer manda, mal anda.
Los reyes tienen los brazos largos.
La risa abunda en la boca de los tontos.
De buena semilla, buena cosecha.
De todos los santos a adviento, mucha lluvia y poco viento.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
No compra barato quien no ruega rato.
Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba pero el tonto sigue.
Ruéganla que se pea, y cágase.
En tanto que la flor cae amorosa, el arroyo corre impasible.
Pompa vana: hoy hojas marchitas lo que ayer rosa galana.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Sábalo de mayo, calenturas para todo el año.
El amor hace salir alas
Coces de garañón, para la yegua cariños son.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
Ten cuidado que un perro negro no se meta en medio
A los ojos que aman no les avergüenza mirar
A quien tiene escopeta, guitarra, reloj y mujer, nunca le falta un trasto que componer.
Durar menos que un caramelo a la puerta de una escuela.
Febrero, rato malo y rato bueno.
La burla, para quien le gusta.
Mientras cuentas las estrellas te rodea la oscuridad más profunda
Los escándalos de familia no deben trascender para afuera.
Aun los tontos dicen a veces algo sensato.
En carrera larga hay desquite.
Día que pasa, día que no, día perdido.
La posteridad solo te pertenece cuando tus nietos juegan en tu puerta.
Quien compra al amigo o al pariente, compra caro y queda doliente.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos.
Para quien no sabe a dónde quiere ir, todos los caminos sirven.
Entran como arrimaos y quieren salir como dueños.
Cuando los de Anaya perdieron la mula, para unos desgracia para otros fortuna.
Se te caes siete veces, levántate ocho.
Cuernos que no ves, corazón que no siente.
Porque los loros no tienen médicos, viven siglo y medio; que si los tuvieran, cincuenta años no vivieran.