A la fuerza, ni los zapatos entran.
Nunca llovió que no se despejara.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
La zamarra y la vileza, al que se la aveza.
Quien acecha por agujero, ve su duelo.
En casa llena el loco no se apena.
Cuando la puta hila y el rufián devana y el escribano pregunta cuantos son del mes, mal andan los tres.
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
Donde nada nos deben, buenos son cinco dineros.
Cuando llueve y hace sol, andan las meigas por Ferrol.
Hay un tiempo para soñar y otro tiempo para actuar. Solo el sabio sabe la diferencia.
Las indirectas del padre Cobos.
Si en verdad eres estrella, no te alumbres con tea.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Cuando el arco iris se ve, o ha llovido o va a llover.
No importa lo el ancho y lo grueso, sino lo que dura tiezo...
Quien con hambre se acuesta, con pan sueña.
El asno y la mujer, a palos se han de vencer.
Con regla y compás, en tu casa vivirás; sin compás y sin regla, ni en tu casa ni fuera de ella.
Como el azúcar no es arsénico, muchas tumbas están llenas.
Zanahorias pequeñas trae la huerta ahora que el hortelano esperaba de arroba.
Lo que no fue tua año no fue tu daño.
La fantasía es más veloz que el viento
Hay quien mea en caldera y no suena, y hay quien mea en lana y atruena.
Una respuesta amable mitiga la ira.
Al pobre le faltan muchas cosas; al avaro, todas.
Pretextos quiere la muerte para llevarse al enfermo.
Sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.
El orgullo y la pobreza están hechos de una pieza.
La col hervida dos veces mata.
Tiempo al pez, que picará alguna vez.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
De casas y de potros que lo hagan otros.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
El que tiene narices, no manda a oler.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Lo estancado se pudre.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Recogemos solo la felicidad que hemos dado a manos llenas, sin pedir nada a cambio
Peixe con ollos, á caixa. Pez con ojos, a la caja.
La que en Marzo veló, tarde acordó.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
El que ríe mucho, es tenido por insensato, y el que no ríe es de casta de gato.
Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
A ciento de renta, mil de vanidad.
Juglar que mucho canta, poco yanta.
Ni el trigo es mío, ni es mía la cibera, conque así, muela el que quisiera.
Con el amor está el temor