En enero no te separes del brasero.
Abril, aguas mil y todas caben en un barril.
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo.
Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo; y cuando vuela a trampicones, hace un frío de cojones.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
Al galán y la dama, el diablo los inflama, y la ocasión le hace la cama.
Las tareas de un elefante nunca son demasiado pesadas para él.
Abrojos, abren ojos.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
Proyecta como si fueras a vivir 100 años, pero vive como si fueras a morir mañana.
Tranquilidad viene de tranca.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.
Al viejo que se casa con mujer hermosa, o pronto el cuerno o pronto la losa.
La esperanza es lo último que se pierde.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
En una fina no deben faltar un viejo y un burro, pero que el viejo no sea tan burro, ni el burro tan viejo.
¿Qué sabe el chancho de estrellas si nunca mira p'al cielo?.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
Triste de la casa donde la gallina canta y el gallo calla.
A quien presta nada le resta.
Necio que sabe latín, doble rocín.
Lo que se deja al tiempo es del tiempo
Chivo que se devuelve se esnuca.
Quién no tiene de Inga tiene de Mandinga!
De bromas pesadas, veras lamentadas.
Ir por leña y volver caliente, le ocurre a alguna gente.
Aquella que más se niega, más enciende el apetito.
Indio que va a la ciudad, vuelve criollo a la heredad.
Ausentes y fallecidos, ni éstos bien amados, ni aquellos bien venidos.
La mujer buena, leal y con decoro, es un tesoro.
No se disparan flechas a una cara sonriente.
Al erizo, Dios le hizo.
Aire gallego, escoba del cielo.
Recuerda, si hay tormenta habrá arco iris.
No hay dos sin tres. (Siempre hay consecuencias)
Frío por Navidad; calor desde San Juan.
En enero, el buey y el varon, hacen riñón.
Perdona el error, pero no lo olvides.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
Yerros de amor, dignos son de perdón.
Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni ninguno se vaya ni se muera; que de idos y muertos nadie se acuerda.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
A enemigo que huye, puente de plata.
Cantó al alba la perdiz, más le valiera morir.
No necesito tecomates para nadar.
Si los deseos fueran caballos, los mendigos se desbocarían.
Cuando Marzo vuelve el rabo, no deja oveja sin pelleja ni pastor deszamarrado.
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.