Maridos que lejos se ausentan, cornamentan.
En la felicidad razón, en la infelicidad paciencia
Tantos trabajos y a la vejez andrajos.
La lluvia de primavera es tan preciosa (valiosa) como el acerte.
El cantar, alegra el trabajar.
Si quieres con tu familia reñir, echa algo a repartir.
El trigo en la panera, y el vino en la bodega.
Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la mueve.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
Treinta días trae Noviembre, como Abril, Junio, y Septiembre, de veitiocho no hay más que uno; los demás, de treinta y uno.
Quien pide para candela, no se acuesta sin cena.
Y reza mucho en la novena, pero no es buena.
Al alba de puerco, que da el sol a medio cuerpo.
El bien que hicimos en la víspera es el que nos trae la felicidad por la mañana...
El buen tienpo y el mal tiempo están dentro de nosotros, no fuera.
Zapateros; los lunes borrachos y los demás días embusteros.
A la mula vieja, alivialé la reja.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
Ni boda sin canto, ni mortuorio sin llanto.
Quien se vuelve dulce miel, las moscas dan cuenta de él.
Por miedo a los gorriones, no se deja de sembrar cañamones.
El agua para un susto y el vino para un gusto.
Una alegría compartida se dobla, mientras que una aflicción compartida se reduce a la mitad.
Solo ves el árbol y no el bosque.
El viejo y el horno por la boca se enciende.
Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
El viejo el hipo para morir, el niño el hipo para vivir.
Las flores son para los muertos.
Hacer de su capa un sayo.
Zanahoria y nabo, buenos casados.
Casa sin niños, tiesto sin flores.
Un copo de nieve nunca cae en el lugar equivocado.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
Huerto, mujer y molino, quiere uso continuo.
El idiota es como el ladrón de campanas, que se tapa el oído para robarlas.
Mira hacia el sol, pero no des la espalda a la tormenta.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
A burro muerto, la cebada al rabo.
No hay alegría sin aburrimiento
Las desgracias no entran nunca por la puerta que les hemos abierto
El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
Maldición, y pulgón, y potra, y sabañón, en tal compañón.
Juzgan los enamorados, que todos tienen los ojos vendados.
El mugido de un buey tirando la carreta, presagia la muerte de un vecino.
Más fuerte era Sansón y le venció el amor.
A mal viento va esta parva.
Las frutas lozanas, incitan las ganas.
En lugar ventoso, tiempo sin reposo.