Neblina, del agua es madrina.
Siempre friegan los platos los mentecatos.
A cada ollaza su coberteraza.
Muchos pocos hacen un mucho.
Más matan cenas que guerras.
A caballo que se empaca, dale estaca.
Boca sin dientes, casa sin gente.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
Miren quién habló, que la casa honró.
Al ausente y el muerto, ni injuria ni tormento.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
La necesidad tiene cara de hereje.
Más tiran dos tetas que dos carretas.
Amigo por amigo, el buen pan y el buen vino.
Como Marzo vuelva el rabo, ni queda pastor ni ganado.
A las suegras, oírles la misa y sacarles el cuerpo.
Niño mimado, niño mal educado.
Dinero ahorrado, dos veces ganado.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
El corazón del avaro se parece al fondo del mar, ya pueden llover riquezas, no se llenará.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
Ante la desgracia y el dolor, ten un poco de gracia y humor.
Donde pan comes migas quedan.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
Jugar a las cartas vistas.
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
Cuando la fiebre declina, tiempo propicio de dar quina.
La cerda vistiendo seda, igual de marrana queda.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
¿Para qué tanta librería quien tiene la sesera vacía?.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
Obras caritativas, esas son mis misas.
Más valen amigos en la plaza que dineros en el arca.
Placer para los curas: abrir cada día la sepultura.
Cuando hago la escobada, nadie entra en mi morada.
El buen paño dentro del arca se vende.
¿Qué hemos de hacer?. Descansar y tornar a beber.
El nuevo paga novicial.
A chica cama si queréis remedio, echaos en medio.
Abrojos, abren ojos.
En Octubre, la oveja cubre.
Las campanas se conocen por el son y las mujeres por la voz.
Al que no fuma ni bebe vino, el Diablo le lleva por otro camino.
Promesas de enamorados son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
La que no baile, de la boda se marche.
Panadera érades antes, aunque ahora traéis guantes.