Castígame mi madre, y yo trómposelas.
Sí, sí y no, no, como Cristo nos enseñó.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos bizcos, con más motivo.
El que no chilla, no mama.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Las malas nuevas, pronto llegan.
El vino y la mujer se burlan del saber.
El tiempo todo lo cura
Estrenar casas y domar potros, otros.
Más ordinario que una monja en guayos.
Digas lo que digas, siempre dirán que dijiste, que no dijiste nada
A la luz de la candela, toda rústica parece bella.
Como el maestro "ciruela" que no sabe leer y pone escuela.
Es más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la humanidad
No esperes paz del visitante que toca tu puerta con una piedra.
Hijos y mujer añaden menester.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
A la ruin oveja la lana le pesa, y al ruin pastor el cayado y el zurrón.
Bien viene el don con la veinticuatría, y mal con la sastrería.
De buena casa, buena brasa.
La tercera es la vencida"
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
Las buenas fuentes se conocen en las grandes sequías; los buenos amigos, en las épocas desgraciadas.
Peixe con ollos, á caixa. Pez con ojos, a la caja.
Bebe leche y bebe vino, y te conservarás lechuguino.
Deja que tu ira se ponga con el sol y asegúrate que no vuelve a amanecer la mañana siguiente.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Aquí no más mis chicharrones truenan.
Amor de niña, agua en cestillla.
Quien para ir a rezar duda entre dos mezquitas, terminará por quedar sin rezar.
El que se enamora no lo nota, pero al poco tiempo se vuelve idiota.
Hasta lavar las cestas, todo es vendimia.
Elogia el campo maduro, no el maíz verde.
Lluvia y sol, casamiento de vieja.
Los amigos van y vienen, los enemigos se acumulan.
Ve tu camino para no tropezar.
Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo.
Por la peana se adora al santo.
Hacer oídos de mercader.
Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Puro sombrerito de Esquipulas, lleno de mier...
De casa del abad, comer y llevar.
Cuando nos encontramos con la felicidad, no lleva nunca la ropa que habíamos imaginado
Quien dineros y pan tiene, consuegra con quien quiere.
El que fía lo que tiene, a velar se queda.
La culpa no la tiene el chancho, sino quién le da el afrecho.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
Bahabón, en cada casa un ladrón, en la del alcalde dos, y en la del alguacil, hasta el candil.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.