El mirón, ¡chitón!.
Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
Hablar en plata blanca.
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
Más sabe el necio en su casa que el sabio en la extraña.
A cada cual dé Dios el frío como ande vestido.
Mujer, viento, tiempo y fortuna, presto se muda.
La noche para pensar, el día para obrar.
Tal para cual, Pedro para Juan.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
A las diez en la cama estés.
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
Entre lo dulce y lo amargo, no existe trecho muy largo.
De la abeja y de la vaca, en Abril muere la flaca.
A medida del santo son las cortinas.
Acá como allá, y allá como acá.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
Si de nogal no dio nueces, de santo, ¿qué te parece?.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
Iglesia, o mar, o casa real.
De mozo rezongador nunca buena labor.
Guárdate de falsa vieja y de risa de mal vecino.
Dos cuervos no se sacan los ojos.
Don sin Din, gilipollas en latín.
A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.
Tal para cual, Pascuala con Pascual.
Cada gallina a su gallinero.
Cena sin vino, ni olla sin sal, no es manjar.
El cestero que hace un cesto, hace ciento.
Que sabe el chancho de pasteles.
Pan y vino y carne quitan el hambre.
Cuando se enojan las comadres, se dicen las verdades.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
Insinuación de rey, como si fuera ley.
Si las paredes hablaran.
El corazón engaña a los viejos.
Ni un dedo hace mano, ni una golondrina verano.
La novedad de hoy es lo antiguo de mañana.
Si al anochecer relampaguea, buen día campea.
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
Por oír misa y dar cebada no se pierde jornada.
Abejas sin reina, la colmena en ruina.
Estar en ayunas no mata, pero la glotonería sí.
Esta como las agujas pendiendo de un hilo.
¡Oh, si volasen las horas del pesar como las del placer suelen volar!.
Mujer, viento y ventura, pronto se mudan.
¡Ay, caderas hartas de parir, y ninguna de mi marido malogrado!.