Salud y fuerza en el canuto.
Dios le da legañas al que no tiene pestañas.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Parientes pobres y trastos viejos, pocos y lejos.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Amistad del poderoso, sol de invierno y amor de mujer, duraderos no pueden ser.
Panal de miel las palabras amables, dulzura para el alma y medicina para el cuerpo.
Romería de cerca, mucho vino y poca cera.
Amigo ambiguo vale por dos enemigos
Una casa de blanquea en mayo, el mejor tiempo del año.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
En casa del jabonero, el que no cae resbala.
Por San Miguel trisca la nuez, y la manzana después.
El buen enero, frío y seco.
Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre.
A la corta o a la larga no hay matrero que no caiga.
No gusta del beso y estira el pescuezo.
El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas.
Variante: A cada pajarillo le gusta su nidillo.
Rosquilla de monja, fanega de trigo.
El hijo muerto, y el apio al huerto.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
Al peligro, con tiento, y al remedio con tiempo.
El que se fue a Tocopilla perdío su silla
Guarniciones y crin dan venta al rocín.
Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.
Mala memoria tiene el gallo, pues canta porque olvida que ya ha cantado.
A grandes penas, pañuelos gigantes.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
El lechón de un mes, y el pato, de tres.
Los buenos recuerdos duran mucho tiempo; los malos, más todavía.
Para los muertos y los ausentes no hay amigos
Febrero y las mujeres, entre cuatro paredes.
El pájaro que canta a destiempo es muerto.
Nadie busca a otros en el horno si no ha estado allí él mismo
No alabes el día hasta que haya llegado la tarde; no alabes a una mujer hasta su pira; no alabes una espada hasta haberla probado; no alabes a una doncella hasta que se haya casado; no alabes el hielo hasta haberlo cruzado; no alabes la cerveza hasta haberla bebido.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
Al freír, será el reír y al pagar será el llorar.
Un copo de nieve no puede existir en una tempestad del fuego.
Cruz y raya, para que me vaya.
Puso un circo, y le crecieron los enanos.
Írsele a uno el santo al cielo.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.
Los pájaros escuchan las palabras del día y las ratas las palabras de noche.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
Cuando de casa estamos lejanos, más la recordamos.
El agua en invierno duerme sola.
Un hombre sabio se recuerda de sus amigos siempre; un tonto, solamente cuando él necesita.