No hay mejor vecina que tu cocina.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Farolillo de la calle, tizón de la casa.
Quien se viste de mal paño, dos veces se viste al año.
El que sabe sabe y el que no es jefe
No solo de pan vive el hombre.
Fruta de hoy, pan de ayer, carne de antier.
Ponga agua en su vino.
Ni bebas agua que no veas, ni firmes carta que no leas.
Con jolgorio y veraneando, se va el tiempo volando.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
Chicharra que canta, calor adelanta.
El que de refranes se fía, no llega bien al mediodía.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.
Primero son los presentes que los ausentes.
No le mires la espiga en el ojo ajeno, sin ver la que hay en el tuyo.
Con azúcar o miel, todo sale bien.
Escoba nueva, barre bien.
Amar sin padecer, no puede ser.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
Hierba mala nunca muere.
Ponerse la tapa en la cabeza
Lo mejor que hizo Dios fue un día detrás del otro.
Llorara la madre al hijo, más que la nieve al granizo.
Olla con jamón y gallina, ¡canela fina!.
Más mamado que chupo de guardería.
No hay cuesta arriba sin cuesta abajo.
Despacito y con amor, se hacen las cosas mejor.
Ni guinda chupada, ni moza besada.
Ocho de invierno y cuatro de infierno.
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Una manzana roja invita piedras.
Variante: El pez que busca el anzuelo, busca su duelo, dice mi abuelo.
Juan Segura vivió mucho años
Caballo que vuela, no necesita espuela.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
De queso, un pedazo, y que te dure todo el año.
El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos.
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
Si te sobra el tiempo de joven, de viejo se te esconde.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
Lo que dejes para después, para después se queda.
Cerca del rey, cerca del cadalso.
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
Para Santa Teresa, rosa en la mesa.
La mujer lunarosa, de suyo es hermosa.
Una palabra bondadosa puede calentar tres meses de invierno.
Más discurre un hambriento que cien letrados.