Por San Andrés, el mosto, vino es.
Para saber, has de leer.
A su amigo, el gato le deja siempre señalado.
No te canses en pensar, si los otros han de hablar.
Vino mezclado, vino endiablado.
No estreches la mano del hombre villano.
Mala mañana, niebla sobre la escarcha.
Habla poco, escucha más, y no errarás.
Al que le sobre el tiempo, que me lo preste.
Malo si izan, y malo, si no izan.
A donde acaba el novio, empieza el marido.
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
El que tonto se fue a la guerra, tonto volvió de ella.
Hiciste como Blas, ya comiste, ya te vas.
Para su madre no hay hijo feo.
Nunca hables de la soga, en la casa del ahorcado.
El hombre más feliz es aquel que proporciona felicidad a los demás con un poco de arroz
En lo que el hacha va y viene, descansa el palo.
¡A la mierda! (Fernando Fernan Gomez).
Quien no se arriesga, no pasa la mar.
Ahogado el niño tapan el pozo.
Más vale en paz un huevo que en guerra un gallinero.
Cuando el hambre da calor, la batata es un refresco.
El amor es el principio del bien y del mal
Cuanto vino entra, tantos secretos salen.
Donde hay caridad, hay paz.
Al potro y al niño, con cariño.
Moza de mesón, no duerme sueño con sazón.
De lo que veas cree muy poco, de lo que te cuenten nada.
El que nace para buey, hasta cuernitos le salen.
La leche cocida, tres veces subida.
A la que a su marido encornuda, señor y tú la ayuda.
Arreboles de la tarde, a la mañana sol hace.
Aurora rubia, o viento o lluvia.
Deja la bola rodar, que ya parará.
Después de lo hecho, todos dan consejo.
El que con locura ama, nunca llega hasta la cama.
Burro harón, hacia el pesebre es trotón.
Ni un dedo hace mano, ni una golondrina verano.
Se ve la paja en el ojo ajeno y no se ve la viga en el propio.
Hablar de la edad y del dinero es conversación de arrieros.
El hambre y la guerra, para verlos a cien leguas.
Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed.
Agua y bailar, a hartar. Indica que el agua y la diversión nunca deben faltar.
Los celos ciegan la razón.
Por el rastro se da con la liebre.
Cuando el vino entra, echa el secreto afuera.
Dar la callada por respuesta.
A la par es negar y tarde dar.
Estoy con la espada pendiendo sobre mi cabeza.