El mal del cornudo, él no lo sabe y sábelo todo el mundo.
De petaca ajena, la mano se llena.
Pan, pan; muchos lo toman y pocos lo dan.
Un gallo en un estercolero desafía al mundo entero.
Como es el trabajo, así es la recompensa.
Un buen caballo tiene muchos defectos, un mal caballo solo tiene uno
Si preguntas sentirás vergüenza un minuto, si no lo haces sentirás vergüenza toda la vida.
Julio, triguero, Septiembre, uvero.
Los problemas nunca vienen solos.
Váyase lo ganado por lo perdido.
Quien tiene noches alegres, ha de soportar mañanas tristes.
Después de la risa viene el llanto.
Más se perdió en el diluvio.
Prohíbe a un tonto que haga una cosa, y eso es lo que hará.
A árbol caído, todo son piedras.
Rocíos de Agosto, miel y mosto.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
Boca abierta, dientes de oro.
El que paga lo que debe tiene derecho a pedir más.
La vanidad es hija legítima y necesaria de la ignorancia.
Si tienes pan y lentejas, ¿por qué te quejas?.
Administrador que administra y enfermo que enjuaga, algo traga.
Une maladie qui vuelve es mortal.
Fruto vedado el más deseado.
En tiempo de campaña, apaña.
Nunca es mal año, por mucho trigo.
El tiempo es oro.
Bestia alegre, echada pace.
Criada chafardera, nunca termina su tarea.
Es más larga que la cuaresma.
Aunque el vivir es incierto, nadie en la víspera ha muerto.
El que de la culebra está mordido, de la sombra se espanta.
Enero mes torrendero.
Por Agosto, ni es vino ni es mosto; por San Andrés, vino es.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
El tiempo es oro, la salud tesoro.
Quien no oye consejo no llega a viejo.
El mozo bellaco, tres barbas o cuatro.
Es pan comido.
El gato de Mariramos halaga con la cola y araña con las manos.
A mala leña un buen brazado.
.Usted no necesita un palo grande para romper la cabeza de un gallo
El maestro sabe lo que hace.
Quien una deuda se traga, tarde o temprano la paga.
Fuerza sin maña no vale una castaña.
Quien se quiera matar, que coma coles por San Juan.
Para que alcance siempre tiene que sobrar.
No es bueno quien cree malos a los demas.
De cien hombres, uno; de mil mujeres, ninguna.
Yo que callo, bien en mis adentros hablo.