Cuantas veces resulta de un engaño, contra el engañador el mayor daño.
Más fluye el aceite y más manchas se generan.
Campana cascada, nunca sana.
Cada cosa son dos cosas, cuando no son veinte cosas.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
Quién come para vivir, se alimenta; quién vive para comer revienta.
En el verdadero amor es el alma la que abraza al cuerpo
Frio, frio, como el agua del rio.
Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.
Un buen libro es un tesoro: cada hoja, un pan de oro.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Vivir de fiado es la manera de pagar el doble.
Dinero al juego ganado, dinero prestado; a jugar volverás y perderás.
La mula y la mujer son malos de conocer.
Cuando el andaluz canta, una pena tiene en la garganta.
¿Quién le pone el cascabel al gato?.
Busca y hallarás; guarda y tendrás.
No escupas contra el viento.
La peseta, la vela y el entierro por donde quiera.
La gotera dando y dando, la piedra va perforando.
No le pido pan al hambre, ni chocolate a la muerte.
El hombre rico tiene aduladores, no amigos.
Hablar en plata blanca.
Entre amigos no hay cumplidos.
Hoy por mí, mañana por ti.
No hay pero que valga.
Cuando canta el cuco, una hora llueve y otra hace enjuto.
Mejor precavido, que arrepentido.
Quien bien siembra, bien coge.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
De pies a cabeza.
Una ola nunca viene sola.
Cuando los de Anaya perdieron la mula, para unos desgracia para otros fortuna.
El que canta por la mañana, llora por la tarde.
Boca con duelo, no dice bueno.
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
Quien la inmortalidad logró, hace tiempos que se murió.
Ojo al parche.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.
Dos cuervos no se sacan los ojos.
A candil muerto, todo es prieto.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
Haz lo que debes y dejar venir el resultado.
Deja la contienda, y no te quebrarán la cabeza.
Sabe agradecer la honra a quien te la hace y dona.
El hipo, en el niño para vivir, en el viejo para morir.
Razón no requiere fuerza, ni fuerza requiere razón.
En aguas de extrema limpidez no puede haber peces, y hombre extremadamente exigente no puede tener compañeros.