Las palabras se cogen, de quien las dice.
Las mejores correas son las cortadas del cuero ajeno
Hasta el final nadie es dichoso.
Buscar la vida conviene; que la muerte ella se viene.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Quien ofende al amigo no perdona al hermano
Dame en qué elegir y me darás qué sufrir.
Quien baila, de boda en boda se anda.
Pretextos quiere la muerte para llevarse al enfermo.
Febrerillo corto con sus días 28, si tuviera más cuatro, no quedaba ni perro ni gato.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
Si no puedes ganar dinero en la bolsa, ten miel en la boca.
Cuando Febrero no febrerea, Marzo marcea.
Fraile de buen seso, guarda lo suyo y guarda lo ajeno.
La fantasía es necesariamente inútil
Remendando y zurciendo, vamos viviendo.
Ante un acuerdo, cuídate de que una de las partes no quede con la espada y la otra con la vaina.
Mujer sola, rama sin tronco; hombre solo, rama sin hojas.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
Dios no desampara a sus hijos.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
Más apaga buena palabra que caldera de agua.
El, por vía de compadres, quiere hacerme la hija madre.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
El corazón no envejece es el cuero el que se arruga.
El que tiene hijos vive como un perro y muere como un hombre; y el que no los tiene, vive como un hombre y muere como un perro.
La manzana podrida pierde a su compañía.
Más es la bulla que la cabuya (cuerda).
Quiere acabar con el canibalismo comiéndose a todos los canívales.
Es mejor un feo hago que un hermoso haré
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
Nuestros defectos nos imitan más cuando los observamos en otros.
Pan ajeno nunca es tierno.
Jurado tiene el espejo no hacer bonito lo feo, ni joven lo viejo.
Cuídate del perro que no ladra y del agua mansa.
La felicidad es una recompensa que llega a quien no la busca
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
A todo marrano le llega su diciembre.
El hombre propone y Dios dispone; viene la mujer y todo lo descompone.
Estas son lentejas; si quieres, las comes, y si no, las dejas.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
El honor es como un largo camino sin retorno, como un perfume de olor inaccesible.
Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa.
Ni buen consejo de moza, ni buena camisa de estopa.
Ni vive, ni deja vivir.
Ni fía ni porfía, ni entres en cofradía.
Las lágrimas de los buenos no caen por tierra, al contrario van al cielo, al seno de la divinidad.
Padecer por amar, no es padecer, que es gozar.