Cual es el padre, así los hijos salen.
Una mano a la otra lava, y las dos, a la cara.
Elige tu compañía antes de sentarte.
El que tarde trilla, la lluvia le pilla.
El hambre es muy mala consejera.
A la puta, el hijo la saca de duda.
Cartagena monte sin leña, mar sin pescado, mujeres malas y niños mal educados.
No busques donde no hay.
Que este dedo no sepa lo que hace su compañero.
Labrador lunero, no llena el granero.
De suerte contentos, uno de cientos.
A la mujer y al papel por detrás has de ver.
Ni puta seas, y hagas las semejas.
De dar no se hizo el tío Funés rico.
No hay mayor dificultad que la poca voluntad.
El celoso no puede ser jocoso.
Fraile que fue soldado, sale más acertado.
Quien administra hacienda ajena, no se acuesta sin cena.
Ave por ave, el carnero si volare.
Partidarios: gente amiga de llenar bolsa y barriga.
La astuta raposa borra las pisadas con la cola.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
Prueba primero al amigo, antes de buscar su abrigo.
El que de servilleta llega a mantel, Dios nos libre de él.
Empréñate del aire, compañero, y parirás viento.
Justicia, cosa muy buena; pero no en mi casa, en la ajena.
Bien en la sierra, o a cien leguas de ella.
Aquí el más tonto hace relojes.
Casa de mantener, castillo de defender.
Cada cual se cuelgue lo que mate.
El tiempo es el heraldo de la verdad.
El diablo es puerco.
Hay que poner remedio a tiempo.
El borriquito delante, para que no se espante.
Esto no termina hasta que se acaba.
No comáis caldo de habas, que hace a las mujeres bravas.
A hierro caliente, batir de repente.
Buenas costumbres y dineros, hacen de los hijos caballeros.
Cuando no sepas qué hacer, échate un cigarro y tómate un café.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
Quien come mucho se empacha, y quien bebe se emborracha.
El que come y canta, pronto se atraganta.
Más imprevisto e incierto, que pedrada en ojo tuerto.
Pasito a pasito, se va muy lejitos.
Cuando el abad lame el cuchillo, malo para el monaguillo.
No cierres una puerta, si no has abierto otra.
Escucha a tus enemigos que son los primeros en notar tus errores.
Agua estancada, agua envenenada.
La sabiduría no se traspasa, se aprende.