Entre mil consideraciones de un tonto, debe haber una aceptable.
Cuando en Abril truena, noticia buena.
Ninguno muere tan pobre que la ropa no le sobre.
Quien ha probado un buen pez, quiere comerlo otra vez.
Al roto, patadas y porotos.
La primera señora, la segunda escoba.
Dos bueyes machos no viven en una misma cueva.
En San Antón dijo el gallo a la gallina pon.
Cuando mengua la luna, no siembres cosa alguna.
Hay que leerle la cartilla.
Nadie sabe lo que tiene, si tiene quien lo mantiene.
El cebo es el que engaña, que no el pescador ni la caña.
La zorra cambia su pellejo; pero no sus mañas.
Sin un ramito de locura, no hay humana criatura.
Al hombre honrado, todo lo cuesta caro.
Libros cerrados, no hacen letrados.
Nunca es persona caída, quien se levanta enseguida.
Ajo, ¿por qué no medraste?. Porque para San Martín no me sembraste.
El pan es freno del vino.
Dedica una parte de tus esfuerzos al bien común.
Innovar, casi siempre es empeorar.
Ya murió por quien tañían/doblaban.
Vale más buena cara que un montón de halagos
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
La flor de loto asoma inmaculada del fango.
El cuerpo eterno del hombre es la imaginación
Niebla en verano, norte en la mano.
No vallas por el exterior, eso te podria engañar.
No hay más araña que la que teje.
El que sabe que es un loco no está muy loco.
Le dije al almendro que me hablara de Dios y comenzó a florecer.
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
De pequeñico se doma al mimbre.
El Abad debe cantar, y el acólito acompañar.
Cague la espina quien se comió la sardina.
Nadie se meta donde no le llaman.
A quien hace mal, uno, al lisonjero, ninguno.
Yo me atraco de jamón, y el envidioso sufre la indigestión.
A veces sale más caro el collar que el perro.
Hacienda de señores, se la comen los señores.
El juego del puto, la primera carta es triunfo.
El cebo oculta el anzuelo.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
El aire de Madrid mata a un hombre y no apaga un candil.
El poder no es dicha plena, porque, a veces, envenena.
Padecer cochura por hermosura.
Agosto y Septiembre no duran siempre.
Hablar hasta por los codos.
De esas pulgas, no brincan en mi petate.
Mientras la mujer grande se agacha, la chica barre la casa.