La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente.
Jamón y chorizo, ahora es acertijo.
Se necesita viajar mucho hasta que el hombre crudo alcanza su madurez.
Donde no puede meter la cabeza el diablo mete el rabo.
No digas en secreto lo que no quieras oír en público manifiesto.
El corazón que ama es siempre joven.
A su amigo, el gato le deja siempre señalado.
En casa llena presto se guisa la cena.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
Vísteme despacio que tengo prisa.
A pobre viene quien gasta más de lo que tiene.
Finca enconada, o meterle el arado o dejarla.
Si el cuquillo no ha venido el 25 de abril, o se ha muerto, o lo han matado, o es que no quiere venir.
Cuando hay amor hasta las cicatrices de la viruela son iguales a los hoyuelos en las mejillas.
El brazo a trabajar, la cabeza a gobernar.
Debajo de una mala capa, puede haber un buen bebedor.
De algo murió mi abuela.
Variante: A caballo dado no se le ve (el) colmillo.
Quien sabe amar jamás hace sufrir.
A río crecido, sentarse en la orilla.
Quien lee despacito, comprende el escrito.
Burgáles, mala res.
Ya me morí, y quien me lloró vi.
Comprar de ahorcado y vender a desposado.
A la justicia y a la inquisición, chitón.
No hay mejor remiendo que el de la misma tela.
La blanda respuesta la ira quiebra, la dura la despierta.
El que muchos oficios tiene, con ninguno se mantiene.
La cortesía es de quien la da y no de quien la recibe.
Ten una sola mente y una sola fe, entonces podrás conquistar a tus enemigos y vivir una vida larga y feliz
De un cólico de acelgas nunca murió rey ni reina.
A caballo que vuela, ¿para qué la espuela?.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
La buena comida se anuncia a la nariz desde la cocina.
Todo el mundo nace poeta.
Quien tiene ocios, le salen mal los negocios.
Si en septiembre ves llover, el invierno seguro es.
Quien no se ocupa en vivir esta muriendo continuamente.
Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Si tienes mucho, da tus bienes; si tienes poco, da tu corazón.
Gobierna para que no hagamos cruzar al perverso, porque no obramos como él. Álzate, dale tu mano, déjale en los brazos del Dios, llena su vientre de tu pan a fin de que se sacie y avergüence.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
O cien varas de maíz, o cortarla de raíz.
La ciencia no es para el borrego, ni las velas son para ciego.
No salgas de puerto si las nubes no corren con el viento.
Cuando las mujeres hablan, el mundo calla.
A gusto de los cocineros comen los frailes.
Tú vas a Roma a buscar lo que tienes a tu umbral.
Quien recurre a poco saber obtiene un mal parecer
En reuniones, el grosero, se destaca de primero.