Las mujeres donde están sobran, y donde no están faltan.
Callos y caracoles, no es comida de señores.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
Y reza mucho en la novena, pero no es buena.
Donde las dejan, las cobran.
A la bota, darla el beso después del queso.
No conviertas en amigo al que has vencido
A buenas horas, mangas verdes
De Castilla el trigo, pero no el amigo.
Lo que dice el panadero, siempre es verdadero.
La felicidad, como el arco iris, no se ve nunca sobre la casa propia, sino solo sobre la ajena.
¿Por qué nos quejamos de que un árbol salga torcido cuando, en nuestras calles hay personas torcidas?
Valientes por el diente, conozco yo más de veinte.
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
Más vale la pequeña porción que llega con una bendición que la gran porción que llega con una maldición.
Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
Alacena de dos llaves, la una entra cuando la otra sale.
De desgraciados está el mundo lleno.
Uno madrugó y veinte duros encontró, pero más madrugó el que los perdió.
El pescador de caña, más come que gana.
El que bebe alante, bebe agua limpia.
Conforme es el árbol así es el fruto.
De lo perdido, lo que aparezca.
La ausencia y la muerte mucho se parecen.
Ve con tu amigo hasta las puertas del infierno. Pero no entres
El que le tiene miedo a los ojos, no puede comer cabeza.
Al que al cielo escupe, en la cara le cae.
El pobre, por pobre, va dos veces a la tienda.
Necio que calla por sabio que pasa.
Quien hace agravios, escríbelos en el agua; quien los recibe, en el corazón los graba.
Que Dios me libre de los listos, que de los tonto ya me libro yo
Quien destruye un hormiguero, no es hombre bueno.
Las bridas para la lengua son siempre necesarias.
Matad el hambre, y no deis lugar que la hartura os mate.
A camino largo, paso corto. Para cansarse menos.
Cuando nos encontramos con la felicidad, no lleva nunca la ropa que habíamos imaginado
Lo que siembres, recogerás.
El que tiene peones y no los ve, se queda en calzones y no lo cree.
Cada cual es dueño de su miedo.
Lo ajeno place a nosotros y lo nuestro a otros.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
Échale guindas al pavo.
Cada quien, con su cada cual.
De todos es la huerta que no tiene cerca ni puerta.
De los vivos mucho diezmo, de los muertos mucha obada, en buen año, buena renta, y en mal año, doblada.
El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
En casa de la mujer rica, ella manda y ella grita.
Madre, ¿qué cosa es casar?. Hija: hilar, parir y llorar.
El amor gobierna su reino sin espadas.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.