Enero, soy caballero, según lo encuentro, lo llevo.
Romero ahíto saca zatico.
La mujer y la cabra es mala siendo seca y magra.
La Fortuna es de vidrio; cuando más brilla más frágil es.
Haz lo que diga el fraile y no lo que hace.
Alfayate que no hurta, poco medra con la aguja.
No entra en misa la campana, y a todos llama.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
El necio se divierte con su mala conducta, pero el sabio se recrea con la sabiduría.
Cada cosa tiene su precio.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.
Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.
Jugador hasta perder los kiries de la letanía.
Habilidad de las mujeres, mear y llorar cuando quieren.
Burro amarrado, leña segura.
Quien monta un tigre corre el riesgo de no poderse bajar nunca.
Boda, en igualdad, hasta en la edad.
Se aprende poco con la victoria, en cambio, mucho con la derrota.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
Es fácil caer en una trampa, pero difícil salir de ella.
Las lenguas de los que critican son como las patas de las moscas, aterrizan en cualquier cosa que encuentran.
Hay tres cosas que se tienen que hacer en la vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.
Una persona pobre no es quien tiene poco, sino quien necesita mucho.
El movimiento se demuestra andando.
Donde va el perrito, va el gatito.
De buen caldo, buenas sopas.
La cerda vistiendo seda, igual de marrana queda.
Tontos y locos, nunca fueron pocos.
El que regala bien vende, si el que recibe lo entiende.
De nadie esperes lo que por ti mismo hacer pudieres.
Con nuestros pensamientos creamos el mundo.
Veinte años puta y uno casada y eres muy honrada.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.
Por miedo a los gorriones, no se deja de sembrar cañamones.
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
Piensa la araña que todos son de su maña.
La fortuna menos la encuentra quien más la busca.
En Diciembre, no hay valiente que no tiemble.
Convertir las lanzas y escudos en jades y telas.
Cree lo que vieres y no lo que oyeres.
La flor de enero, no llega al frutero.
A la pereza persigue la pobreza.
El tiempo todo lo cura, menos vejez y locura.
En tierra de Medina el que gasta en vino blanco se lo ahorra en medicina.
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
Buena cautela, iguala buen consejo.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.
Al alcornoque no hay palo que le toque, sino la encina, que le quiebra la costilla.