Este anda más perdido que el hijo de la llorona.
Quien en tiempo huye en tiempo acude.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
El papel que se rompa él.
Deseando bienes y aguantando males, pasan la vida los mortales.
Para los Santos, nieves en los cantos.
Ni con toda hambre al arca, ni con toda sed al cántaro.
No me abra los ojos que no le voy a echar gotas.
Miércoles de ceniza, que triste vienes, con 46 días que traes de viernes.
A dineros dados, brazos quebrados.
¡Fíate de la Virgen y no corras!.
Cierre la boca que se le entra una mosca.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
La esperanza es como el azúcar en el té. Aunque es muy poca, todo lo endulza.
El mejor maestro se sienta en tu silla.
Antes pan que vino, y antes vino que tocino, y antes tocino que lino.
Invierno que mucho hiela, cosecha de fruto espera.
Cuando nace hija, lloran las paredes de la casa.
El que come y canta algún sentido le falta.
Quien con muchachos se acuesta, cagado amanece.
La culpa nació soltera, y nadie con ella se quiere casar.
Maldición de puta vieja, por do sale por allí entra.
Cada cosa a su tiempo, los nabos en Adviento y las cerezas en habiendo.
Plantas soja recoges soja, plantas judías recoges judías.
La vejez mal deseado es.
El frío conoce al encuero.
Las palabras son las palabras, pero es el dinero el que adquiere tierras.
Hablar con boca prestada, sabe bien y no cuesta nada.
A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.
Mujeres en visita, luego sueltan la maldita.
El que quiere a la col, quiere las hojas de alrededor.
El vino es la teta del viejo.
Ya no bebo vino, porque me cuesta dinero; pero siendo de balde, echa vino tabernero.
Gallo que es bueno, lo mismo canta en su corral que en el ajeno.
Bebe el agua a chorro y el vino a sorbos.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
Si buen consejo tomara, otro gallo le cantara.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Ea, que hago barato: ¡lo que vale tres, lo doy por cuatro!.
Son como dos jueyes en la misma cueva.
Hombre amañado, para todo es apañado.
Entre pitos y flautas.
La gloria no estriba en no fracasar nunca sino en levantarse cada vez que caigas.
Cada uno tiene sus gustos; por eso hay ferias.
Quien ha hecho treinta puede hacer treinta y uno
En casa del pobre, reventar antes que sobre.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
En carrera larga hay desquite.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala.