Madrid, nueve meses de invierno, y tres de infierno.
Es mejor si los papeles se pueden levantar juntos.
¿Cómo se puede escupir en una cara sonriente?
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
Carne en calceta, para quien la meta.
Don Din nunca parece ruin.
Al amigo no apurarlo ni cansarlo.
Años de nones, muchos montones.
La verguenza es último que se piedre.
Humo y mala cara, sacan a la gente de casa.
El espejo no sabe mentir; lo que le dijeron ha de decir.
El perro le manda al gato, y el gato a su cola.
Hacer de su capa un sayo.
Solo hazlo y terminará el pánico.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.
Quien tiene miedo tiene desgracia.
El burro bueno, aunque sea la quijada encaja.
Cargado de hierro y cargado de miedo.
En la vida no me quisiste, en la muerte me plañiste.
Antes de que acabes, no te alabes.
La fórmula del éxito es muy simple: haz tu mejor esfuerzo y acaso le agrade a la gente.
Humo de hogar no empaña el cielo.
Al pez, una vez.
Andar el tiempo y vernos hemos.
No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.
Irse de picos pardos.
Obras buenas, hazlas a manos llenas; malas, ni una hagas.
Si cien hombres afirman que un loco es sabio, lo es.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey.
El comer y el rascar no quieren más que empezar.
Sabe más el tonto en su casa que el listo en la ajena.
Fango que se mueve, a demonios hiede.
Si quieres que te aprecien, muere durante un viaje.
Una vez se nace, una vez se muere y una vez se quiere.
Pasar de largo te conviene en lo que ni te va ni te viene.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
Buenos y tontos se confunden al pronto.
De mala vid, mal sarmiento.
Mal lo aliña quien en sus tiempos no labró la viña.
Habla cuando te hablen; acude cuando te llamen.
Ya lo dijo un buen alcalde: en las fiestas todo de balde.
Cuando el cura se va a peces, donde irán los feligreses.
Donde hubo un gran mal, queda señal.
La suegra, ni aún de azúcar es buena.
Amigo que no da, y navaja que no corta, si se pierden poco importa.
El que cree en espantos, hasta de la camisa se asusta.
De carbonero mudarás, pero de ladrón no saldrás.
Ni al caballo corredor, ni al hombre rifador dura mucho el honor.
Buenas cartas a veces pierden.
Ni sobra el que viene, ni falta el que se va.