A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
La sagre es más espesa que el agua.
Las malas noticias siempre tiene alas.
El que a orilla del río mora, mucho bebe y mucho llora.
Un hombre puede lo que sabe
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Lentejas, si las quieres las tomas y si no, las dejas.
Este navega con banderita de pendejo.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Quien duerme diez horas, a la vejez llora.
El que come y canta algún sentido le falta.
Cuando todo está perdido, no hay golpe peligroso.
Ninguno que beba vino llame borracho a su vecino.
La zorra, cuando no llega a las uvas, dice que están verdes.
Los sueños del gato están poblados de sonrisas.
El que al asno alaba, tal hijo le nazca.
Boca sin dientes, casa sin gente.
El trigo y la mujer a la candela parecen bien.
El que hace el bien de los demás hace el suyo.
Agua, Dios, el vino en bota y las mujeres en pelota.
Piensa con menos emociones y vivirás largos días.
Al viejo recién casado, rechazarle por finado.
Las palabras son las palabras, pero es el dinero el que adquiere tierras.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
El mosquito de uno es el camello de otro.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.
Año de avellana, año de ratoncillos y de nieve.
Los buenos consejos llegan hasta el corazón del sabio y se detienen en los oídos del malvado
Come y bebe, que la vida es breve.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Dar puntada sobre puntada, como sastre en víspera de pascua.
Ni musa sin jarra, ni enamorado sin guitarra.
Esperando marido caballero, lléganle las tetas al braguero.
El que ha desplazado la montaña es el que comenzó por quitar las pequeñas piedras.
Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría.
Una huésped llega con diez bendiciones, come una y deja nueve.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
La necesidad tiene cara de hereje.
Casa donde la mujer manda, mal anda.
A hijo malo, pan y palo.
Una esquela de defunción es de mentiras un montón.
La palabra del erudito, en religión, es una flor, mas no te promete ningún fruto.
Cuanto más cerca estamos sentados, más regañamos.
El vino poco, trae ingenio; mucho, se lleva el seso.
Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
En casa de la mujer rica, ella manda y ella grita.
Tal queda la casa de la dueña, ido el escudero, como el fuego sin trashoguero.
Se te caes siete veces, levántate ocho.
Al trabajo, yerno, que viene el invierno.