Cuando malaya llegue; ya el caballo está cansado.
Lo que siembres, recogerás.
La mujer y la guitarra, antes de usarla, templarla.
Cabra coja, no tenga fiesta.
Es más terco que una mula.
A quien nada quiere, todo le sobra.
variante: Café hervido, café jodido.
Gente de trato llano, esa es de mi agrado.
Al pobre no hay bien que no le falte ni mal que no le sobre.
Nadie debe avergonzarse de preguntar lo que no sabe.
Alábate pato que mañana te mato.
Cada pleito lleva cuatro almas al infierno.
Cuando se encapota el sol en jueves, antes del domingo llueve.
Esperando al duque que no llegó, la dama envejeció.
A ningún tonto le amarga un dulce.
El que mucho duerme poco aprende.
Caballo alquilado, nunca cansado.
Boca ancha, corazón estrecho.
La fortuna es madrina de los necios.
Oro en manos de pobre, parece cobre.
A cabrón, cabrón y medio.
El que escucha su mal oye.
Hay tres cosas que el ser humano necesita en su vida: alguien a quien amar, algo que hacer y una esperanza para el futuro.
Mejor sufrir una crisis de dinero, que de tisis.
A cada rey su trono.
De vino aguado o agua envinada, no me des nada.
La mercancía bien comprada está medio vendida.
Lisonjas en boca de embajador tienen mal sabor.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.
De buenas en el juego, de malas en El amor.
Después del palo dado ni Dios lo quita.
¿No querías caldo?, pues toma tres tazas.
No pica la abeja a quien en paz la deja.
Adorar al sol que nace, todo el mundo lo hace; al sol que muere, nadie lo quiere.
Escatimar y dar a putas.
No hay cosa que fin no tenga, a la corta o a la luenga.
Al que obra bien, bien le va.
No hagas cosas buenas que parezcan malas, ni malas que parezcas buenas.
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
Cada grumo tiene su humo.
Donde hay confianza, da asco.
El amor y el niño, donde les muestran cariño.
El mal cobrador hace mal pagador.
Dar carne al lobo.
Amor de dos, amor de Dios.
Al ausente, por muerto le da la gente.
Es más tonto que mandado hacer de encargo.
El día que no escobé, vino quien no pensé.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
De casa que amanece a mediodía, guárdenos Dios y Santa María.