Hermano ayuda y cuñado acuña.
Para hablar y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.
Las arrugas son la tumba del amor
En las caricias de otoño, se empieza en la cara y se acaba en el coño.
Madre y teja, no pierde por vieja.
Cada pájaro lance su canto.
Fiado se murió, mala paga lo mató.
Hijos crecidos, trabajos llovidos.
Como la moza del abad, que no cuece y tiene pan.
Flor de Marzo, no quiebra el carro.
La manzana podrida pudre a las sanas.
Dale Juana con la canasta (cuando alguien insiste mucho con un tema en particular)
Si tienes hijas, comerás buñuelos.
La mujer y las tortillas, calientes han de ser.
Tiene más carne un huevo frito.
Hebra larga, costurera corta.
Pan no mío, me quita el hastío.
Al rey muerto rey puesto.
Boca de verdades, cien enemistades.
En los bares y en la ruta, se conoce al hijoputa.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
La mujer casta esta siempre acompañada.
Hablar en plata blanca.
Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cae encima.
Persevera y triunfarás.
Tantas veces fue el burro al molino, que olvido el camino.
¿Por qué nos quejamos de que un árbol salga torcido cuando, en nuestras calles hay personas torcidas?
En una fina no deben faltar un viejo y un burro, pero que el viejo no sea tan burro, ni el burro tan viejo.
Novia sin cepas, novio con quejas.
Botella vacía y cuento acabado, no valen un cornado.
De valientes y tragones, están llenos los panteones.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Pon tu culo en concejo; uno te dirá que es blanco, otro que es bermejo.
La buena hija dos veces viene a casa.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.
A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
Fruta de hoy, pan de ayer, carne de antier.
Lengua de barbero, afilada y cortadora.
Cuando los calvos mueren, la nostalgia los convierte en cabezas rizadas.
Después de puta y hechicera, se torno candelera.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
Quien no se arriesga no conquista
Todos llaman a la puerta de aquel que llama a todas las puertas
Dijo el escarabajo a sus hijos: venid acá mis flores.
La mujer hermosa, o loca o presuntuosa.
Ni reír donde lloran, ni llorar donde ríen.