A casa de tu hermana, una vez a la semana.
Cada uno con su humo.
El tono afectuoso cautiva el oido.
Niño que llora, de mear se ahorra.
Que quiera, que no quiera, el asno ha de ir a la feria.
La risa hace buena sangre
Altramuces, cuando secos, amargos, y cuando mojados dulces.
El miedo guarda la viña.
Del cobarde, no se ha escrito nada.
El vino hace buena sangre
Con hilo de plata labró mi seda, y voy y la tiendo en la alameda.
Saco de yerno, nunca es lleno.
Si a tu vecino quieres mal, mete las cabras en su olivar.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
La ausencia es al amor lo que al fuego el aire: que apaga al pequeño y aviva al grande.
La cara del santo hace el milagro.
La palabra es playa, el silencio oro.
Que se calle Doña Chepa, y mejor que hable quien lo sepa.
Palabra dada, palabra sagrada.
De dos que pleitan, otros se aprovechan.
Por bueno que sea un caballo, necesita espuelas.
Abril, lluvias mil. Y si nos sale cabrón, lluvias a mogollón.
Confesar a monjas, espulgar a perros y predicar a niños, tiempo perdido.
Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.
Criar un hijo cruel es preparar el propio infierno
A cama chica, echarse en medio.
Enero desaloja las camas
Valor y querer, facilitan el vencer.
Allega, allegador, para buen derramador.
Incluso el día más largo tiene un final
Febrero, rato malo y rato bueno.
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
Maldigo el diente que come la simiente.
Un maravedí sobre otro llegan a comprar potro.
La cama, el fuego y el amor, nunca te dirán vete a tu labor.
Para los Santos, nieves en los cantos.
Espéjate para que veas cómo eres.
Quien con mujer rica se casa, come y calla.
Dios le da legañas al que no tiene pestañas.
Quien viste de harapos en un país donde todos van desnudos, será tomado por loco.
Al que muere en el barco, le reclama el charco.
Quien acecha por agujero, ve su duelo.
Calumnia, que algo queda.
Indio que mucho te ofrece, indio que nada merece.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
¡Cómo subo, subo de pregonero a verdugo!.
Al tiempo del higo, no hay amigo.
Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre.
El mico no ve su rabo, pero ve el del compañero.
Gallo fino no extraña gallinero.