Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.
No hay más chinche que la manta llena.
De padres asientos, hijos taburetes.
No se toman truchas a bragas enjutas.
Si el vino es fragante, no importa que se venda al fondo de un largo callejón.
Las malas noticias siempre tiene alas.
Algo es algo, dijo, al ver un hueso el galgo.
Hay quien no ve su camino.
No todos los que van a la iglesia son santos
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
Muchos que viven cantando, mueren llorar.
Cual andamos, tal medramos.
Canten calandrias o les apachurro el nido.
El peor coche siempre se lleva la mejor mazorca.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
En esta vida insensata, ni al rico le sobra plata.
En la mucha necesidad dice el amigo la verdad.
Quien no puede tener la pulpa, se contenta con el hueso.
Tanto tiempo en el campo y no conoces el matojo.
Ya se pasó ese tiempo en que andaba el culo al viento; hase mudado, y todos lo traen tapado.
los hombres son de oro y las mujeres de tela.
Tan rápido como un chisme.
Del cobarde, no se ha escrito nada.
Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé.
¿De Aranda, hijo un demonio, y lloras?.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
No basta con que yo triunfe. Los demás deben fracasar
Ovejas y muchacha, al atardecer a casa.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba pero el tonto sigue.
Darle castañas al castañero, tiene salero.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
El que bien lo sabe, pronto lo reza.
Quien escurre el bulto, se evita el insulto.
Tontos y locos, nunca fueron pocos.
Abejas sin reina, la colmena en ruina.
Al perro flaco, todo se le vuelven pulgas.
El viento que el marinero quiere no sopla siempre.
Los pajaritos de arriba, siempre se cagan en los de abajo.
El que no tiene dinero en su bolsa, deberá tener palabras agradables en su boca.
A veces perdiendo se gana.
El hombre en la plaza, la mujer en la casa.
Madre vieja y camisa rota no es deshonra.
Salud y fuerza en el canuto.
Llora, necio, llora tus perdidas horas.
En el horizonte de las tierras bajas un altozano parece una montaña
Tres a uno métenle la paja en el culo.
Jamás digas: nunca jamás.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.