El más piadoso se alegra, al ver su rival en quiebra.
Más bueno el asado, cuando es regalado.
La mujer, generalmente hablando, está, generalmente, hablando.
Hombre hablador, poco cumplidor.
Al comerte una fruta piensa en aquel que plantó el árbol.
Vida de campo, hombre sano; vida de pueblo, hombre enfermo.
No hay que buscarle tres pies al gato.
Al son que le toquen bailan.
Todos nacemos llorando y nadie se muere riendo.
El que avisa no es traidor.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
Hombre que habla campanudo es poco sesudo.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
Cartagena monte sin leña, mar sin pescado, mujeres malas y niños mal educados.
De lo que se come se cría. Y criadillas comía.
Cada uno tiene su cada una, y cuando no, la busca.
Fui a casa de mi vecina y avergoncéme; volví a la mía y remediéme.
La tierra no es una herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos.
Duro de cocer, duro de comer.
El que tiene las lagrimas hondas, que empiece llorar temprano.
Dichosos los ojos que te ven.
El buen paño dentro del arca se vende.
Quien anda deprisa es el que tropieza.
Dar patadas de burro.
Está más entristecido, que mico recién cogido.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.
Por San Miguel trisca la nuez, y la manzana después.
Esto fue como llamarada de petate.
Cuanto en tu casa me metí, mejor callar lo que vi.
Hombre de espíritu enclenque, donde nace allí muere.
No vive más el querido ni menos el aborrecido.
Adulador, engañador, y al cabo, traidor.
Quien hace la cuenta sin el huesped, la hace dos veces.
De mala ropa no sale un buen traje.
Cuando dos se quieren bien, con uno que coma basta.
Dando tiempo al tiempo el mozo llega a viejo.
¡Qué buena cara tiene mi padre el día que no hurta.
Gota a gota, el agua es broca, que al fin horada la roca.
De amores el primero, de lunas las de enero.
No a todos les queda el puro nomás a los trompudos.
La crianza aleja la labranza.
Ciertos maridos existen porque ciertas mujeres no han querido quedarse solteras
Por San Fermín, el calor no tiene fin.
Ojo por ojo y diente por diente.
El enamorado y el pez frescos han de ser.
A año tuerto, labrar un huerto.
No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
Siempre pide de más, para que no te den de menos.
Nada se puede esperar de quien no tiene hogar.
Guerra y racimo comenzados, no son dejados.