La pereza es la madre de todos los vicios.
Que en el año nuevo lleves la mano derecha extendida siempre para ofrecer amistad, nunca para pedir.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Más perdido que Papá Noel en mayo.
Café cocido, café perdido.
Este mundo es un fandango, y el que no lo baila, un asno.
Una espina en el ojo.
Escoba que no se gasta, casa que no se limpia.
Solo se puede sacar de una bolsa lo que ya está en ella.
La pobreza hace ladrones y el amor poetas.
A cuenta de los gitanos hurtan muchos castellanos.
En cada mujer hay una reina. Hable con la Reina y la Reina responderá.
Está como abeja de piedra.
Yo le puedo dar de comer, pero hambre no le puedo dar.
El sueño es alimento de los pobres.
La zorra vieja en el lazo se mea.
A carne de lobo, hambre de can.
Ropa dominguera, del portal pa fuera.
Donde manda el amo se ata la burra.
El triunfo de los crueles es breve
El mono vestido de seda mono se queda
Bien parece la moza lozana bajo la barba cana.
De la mar el mero y de la tierra el carnero.
La gata de doña Flora, si se la ponen grita, si se la quitan llora.
Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí. (Confucio, 551-479 a. C.)
Obremos a no ver, dineros a perder.
A la moza y a la parra, álzala la falda.
Badajo alto, campana rota.
Campo florido, campo perdido.
El avaro desollaría a un piojo para obtener su piel.
Hoy arreboles, mañana soles.
Hay miles de miserias en un solo amor
Canas son, que no lunares, cuando comienzan por los aladares.
Con el tiempo un ratón rompe una gúmena
Rico que ha sido pobre, corazón de cobre.
Obras vea yo; palabras, no.
La risa se oye a mayor distancia que el llanto.
Nunca falta un borracho en una vela.
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
Hormigas con ala tierra mojada.
Hablar con lengua de plata.
A las obras me remito.
No avivés a los giles que después se te ponen en contra.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
El que no habla, no yerre.
A la mujer bailar y al burro rebuznar, el diablo no les debió enseñar.
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?; jarrito viejo, ¿dónde te botaré?.
A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
Una buena campana se siente de lejos.
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.