El que a cuarenta no atina y a cincuenta no adivina, a setenta desatina.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
No es bello lo que es caro, sino caro lo que es bello.
Ve donde no te llaman y volverás con las orejas gachas.
Escribir despacio y con buena letra.
Si el vino es fragante, no importa que se venda al fondo de un largo callejón.
Abril concluido, invierno ido.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
Alabanza propia es vituperio.
Guárdate de aquel demasiado inclinado a hacer favores y ofrecer su amistad, ya que algún día te exigirá su retribución.
Para los muertos y los ausentes no hay amigos
No quieras nunca buenos comienzos.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Veinte con sesenta, o sepultura o cornamenta.
Cómo será la laguna, que el chancho la cruza al trote.
El hombre casado, ni frito ni asado.
Acá como allá, y allá como acá.
Abejas sin reina, la colmena en ruina.
Comida hecha, amistad deshecha.
Enójate pero no pegues.
El espantajo solo dos días engaña a los pájaros; a los tres, se cagan en él.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
Más haces callando que gritando.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
El cebo es el que engaña, que no el pescador ni la caña.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
Cuando uno no quiere, dos no barajan.
Si los rezos de un perro fuessen contestados, lloverían huesos del cielo.
Mear sin peer, rara vez.
El olmo tiene bellas ramas, pero no da fruto.
Errar es humano, perdonar es de sabios.
Deudas tienes y haces más, si no mientes, mentirás.
Habla siempre que debas y calla siempre que puedas.
Sufra quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.
El que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea.
En gran río, gran pez, más ahógase alguna vez.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
El dolor embellece al cangrejo.
Quien hace una pregunta es ignorante cinco minutos; quien no la hace será siempre ignorante.
Las paredes oyen.
A hierro caliente, batir de repente.
Donde entra beber, sale saber.
Quien mea y no pee, es como quien va a la escuela y no lee.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia