La buena educación es de quien la otorga, no de quien la recibe.
Cuanto más primos, más adentro.
Hombre anciano, cuando muere poco llorado.
Idos y muertos es lo mesmo.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Presto se va el cordero como el carnero.
Quien está detrás de los demás no pasa nunca delante
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
Para aprender, perder.
Un día el lobezno se convertirá en lobo, aunque se haya criado entre los hijos del hombre.
Años de higos, años de amigos.
Vino puro y ajo crudo, hacen andar al mozo agudo.
De una gota de un tintero ¡cuánto malo y cuánto bueno!.
Duerme más que un gato con anemia.
Lo mismo dijo un fraile y se la clavaron en el aire.
Una vez que el convidado ha comido, ponlo pronto en el camino.
Para el avaro, todo es caro.
Gallina vieja da buen caldo.
A quien labora, Dios lo mejora.
Del falso bien viene el auténtico mal
El que se acuesta con hambre, sueña con viandas.
Al amigo, nunca lo pruebes.
Si quieres saber de verdad qué piensa de ti tu vecino, riñe con él.
Algo es algo, dijo el calvo, cuando un pelo le salió.
A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos.
No hay montaña sin niebla, de la misma forma que no hay hombre de mérito sin calumnias.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
El mozo bellaco, tres barbas o cuatro.
En gran aprieto, espera más del vecino que del nieto.
Incauto fui, hasta que cayendo aprendí.
Cosa fea, ni se haga ni se aprenda.
Cosa cumplida, solo en la otra vida.
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
En la vida, según es la situación, se cambia de opinión.
Nota: San Bernardino es un asilo de Madrid.
Un traguillo de vino de cuando en cuando, y vamos tirando.
El que come hasta enfermarse tiene que ayunar hasta reponerse.
El que por su gusto es buey hasta la coyunda lame.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
Haré, haré, más vale un toma que dos te daré.
El primer amor se parece a las primeras nieves; raramente perdura
Ofrecer mucho, especie es de negar.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
Lo que viene deprisa, pronto se va.
Que sabe el chancho de pasteles.
Cambiarás de mesón, pero no de ladrón.
Las cosas más importantes de la vida no son cosas.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
Eso no te lo despinta nadie.