Variante: Caridad y amor, no tocan tambor.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Niña, no te desesperes, que el que ha de ser para tu, ni se casa ni se muere.
Sin hijos y sin celos no hay desconsuelos.
Panza llena, quita pena.
Decir pares, y salir nones, les ocurre a los mamones.
Si los hijos salen de casa, no es fácil reunirlos de nuevo.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
Bebes vino, no bebas el seso.
Ni mozo dormidor, ni gato maullador.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
El tono afectuoso cautiva el oido.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
Al que no fuma ni bebe vino, le huele la boca a niño.
No tienes dedos para el piano
De padres asientos, hijos taburetes.
El agua hace sudar; el vino, cantar.
Jamón cocido en vino, hace al viejo niño.
Por dinero baila el perro y por pan si se lo dan, y no por el son que toca el ciego.
Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar, perderás tu tiempo y fastidiarás al cerdo.
Quien no llora, no mama!
Vive de tus padres, hasta que tus hijos te mantengan.
Besando al niño, a su madre le hace un cariño.
A palabras vanas, ruido de campanas.
Por Navidad, los ciegos lo notarán. Por Reyes, los bueyes.
A lisonjeros dichos no le prestes oídos.
De tus hijos solo esperes lo que con tu padre hicieres.
Del joven voy, del viejo vengo.
Un alma sola, ni canta ni llora.
Hijo sin dolor, madre sin amor.
Despacito por las piedras
La hija a quien la pidiere, el hijo se mirará a quién se dará.
Si los tontos volaran, quince años nublado.
Hijos tienes, nueras tendrás, cuando te descuides en la calle te verás.
Venga la alabanza que recibes de otra boca y nunca de la tuya
La nuera barre para que la suegra no ladre.
El que al sentarse dice "¡ay!" y al levantarse dice "¡upa!", no es ese el yerno que mi madre busca.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
Los hombres, a la vejez, tornan a la niñez.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Al son que me tocan bailo.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Canción de la transición.
Cuando nace hija, lloran las paredes de la casa.
Los que duermen bajo las mismas sábanas aprenden a hablar con la misma boca
Quien tiene hijo en tierra ajena, muerto le llora, y vivo le espera hata que llega la triste nueva.
Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Proverbios 3:1-2
Las paredes oyen.
Casadita y con hijos te quisiera ver, que doncella y hermosa cualquiera lo es.
Al mal circo le crecen los enanos.