Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
Cuando hay para carne, es vigilia.
El que se casa, por todo pasa.
Dios inventó la balanza, y el diablo la romana.
Dos pueden mentir hasta que un tercero cuelgue.
Este es el cuento de María Sarmiento, que fue a cagar y no encontró siento.
La cana engaña, el diente miente, pero la arruga, no cabe duda.
Más aburrido que un mico en un bonsái.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Nada más que me enderece dijo el jorobado.
Quien habla de lo que no debe, escucha lo que no quiere.
Cuñada y suegra, ni de barro buenas.
El silencio y la prudencia, mil bienes agencia.
La taleguilla de la sal, mala de sustentar.
A consejo de ruin, campana de madera.
Alazán tostado, antes muerto que cansado.
La mentira es justa cuando, por hacer bien, la verdad se oculta.
A falta de corazón, buenas las piernas son.
En caso de duda, la más tetuda.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
El juego destruye más que el fuego.
Quien te adula, te traiciona.
Tu hablar te hace presente.
De usar y abusar, hay el canto de un real.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
Dios da, nunca vende.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
Casa con una sola puerta, el amo alerta.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Calle mojada, caja cerrada.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
Como es la mujer, así es la casa.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
El amor y el dinero no pueden estar ocultos.
Maestre por maestre, seálo éste.
La zarza da el fruto espinando y el ruin llorando.
Al borrico viejo la mayor carga y el peor aparejo.
El que hace lo que no debe, sucédele lo que no cree.
Quien baila, de boda en boda se anda.
No creas nunca en cielo serrano, lagrimas de mujer o cojera de perro.
Mal es sufrir, pero sufrirlo mal es mayor mal.
Siempre que lo desea, la mujer llora y el perro mea.
Los dioses han hecho las manos de los hombres para que den limosna
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
La buena suerte se pasa, y el saber se queda en casa.
Zamarras y sermones no son para el tiempo de calores.
El café, en taza, y los toreros, en la plaza.
Mire usted qué dicha, perder el asno y hallar la cincha.