El que la sigue la consigue.
Come Juan Gómez, que de lo tuyo comes.
Nunca se pierden los años que se quita una mujer; van a parar siempre a cualquiera de sus amigas.
A más doctores, más dolores.
Los esparragos de Abril, para mi; los de Mayo, para el amo y los de Junio, para el burro.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Despacito y buena letra, el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas.
El buen caballo de ladridos no hace caso.
Bien o mal, te casarás, sea con Pedro o sea con Juan.
Al potro y al niño, con cariño.
De la boca del ladrón, todos lo son.
Llegar a ser, ascendiendo, es mejor que nacer siendo.
Todavía aguas corren profundamente.
Abril, lluvias mil.
La caza y los negocios quieren porfía.
Hacer ruido, para sacar partido.
Quien caza sin perros, se pierde en los cerros.
Yo soy la que hiedo, que no el atún que vendo.
No hay buena salud donde no entra buena luz.
Estas son lentejas; si quieres, las comes, y si no, las dejas.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Quien llega tarde a la fiesta, no logra cena ni orquesta.
Las malas nuevas siempre son ciertas.
Yo que callo, bien en mis adentros hablo.
Dios pocas veces quiere obrar, sino cooperar.
Los que abren la boca son los que menos abren el corazón.
Nunca se acuesta uno sin saber unas cosa nueva.
Con pan, vino y queso, no hay camino tieso.
Bocado engullido, su sabor perdido.
El cazador no se frota con grasa y se pone a dormir junto al fuego.
Más verga que el Trica programando.
Oficio merdulero, criar al hijo y después al nieto.
Zapatero a tus zapatos.
El que temprano se levanta, cualquier bulto lo espanta.
El vaso malo nunca se cae de la mano.
Por lo demás, paciencia y barajar.
Si en septiembre comienza a llover, otoño seguro es.
Quien no buscó amigos en la alegría, en la desgracia no los pida.
Hombre casado, burro domado.
No temas de ser lento, teme solo a detenerte.
Es mejor callar y parecer idiota, que hablar y no dejar la menor duda.
El ojo del puente, el baratillo y el pan, como se estaban están.
Las esposas y los maridos por sus obras son queridos.
El que da primero da dos veces.
El buen paño dentro del arca se vende.
Repartió Dios, y le tocó el cielo.
El que con muchos se casa, a todos enfada.
Lo que cada uno vale, a la cara le sale.
Zun de noche, se sube a un coche