Mal es acabarse el bien.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Uno que a redentor se metió, crucificado murió.
Quien da parte de sus cohechos, de sus tuertos hace derechos.
Nadie apalea a un perro muerto.
Amor y temor, del carro humano son el temor y el aguijón.
Yo la mato y tu la tienes en el plato.
Matar un tigre.
El vergonzoso se muere de hambre entre dos panes.
Mejore morir de estómago lleno que vivir con el vacío.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
El hombre que ama la violencia morirá violentamente
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
El que tonto nace, tonto muere.
La vida es corta como la escalera de un gallinero y encima repleta de mierda.
Dios en el cielo, en la tierra, el dinero.
La mentira nunca muere de vieja.
Vergüenza y virginidad, cuando se pierden, para la eternidad.
Para los desgraciados se hizo la horca.
No es nada que matan a mi marido.
Nunca hables de la soga, en la casa del ahorcado.
Más vale burro vivo que sabio muerto.
La liebre que has de matar, cuesta abajo la has de echar.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
El que ama a una casada, puede morir de cornada.
Ya me morí, y quien me lloró vi.
Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni ninguno se vaya ni se muera; que de idos y muertos nadie se acuerda.
Mal reposa la vida dudosa.
De mala sangre, malas morcillas.
Ira de hermanos, ira de diablos.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
No des a guardar el fiambre, a quien vive muerto de hambre.
Entre el silencio del velorio mudo, se le zafa a cualquiera un estornudo.
Las penas no matan de un hachazo, sino poco a poco van matando.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
Hombre dormido, ni del todo muerto ni del todo vivo.
Si te fuiste, haz cuenta de que moriste.
La vida es un soplo.
Cada pleito lleva cuatro almas al infierno.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.
El cura, cuando muere un rico, mata un buen cochino.
Barco sin cubierta, sepultura abierta.
Mal ojo se le ve al tuerto.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
El gandul es un cadáver con apetito.
Ni para Dios, ni para el diablo.
Morir rico tras vivir pobre, llámale bestia y no hombre.