Juventud licenciosa, vejez penosa.
A los ojos que aman no les avergüenza mirar
A la mujer buena, todo el cariño es poco.
Las mujeres por poco se quejan y por menos se ensoberbecen.
El ídolo adulado pronto ennegrece
Casamiento santo sin capa él y ella sin manto.
Quien su palabra no mantiene, a las consecuencias se atiene.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
El que de amigos carece es porque no los merece.
Acude al sabio para el consejo y al rico para el remedio.
Con buenas palabras y mejores hechos, conquistaras el mundo entero.
A chica boca, chica sopa.
De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo.
Por ruin que el huésped sea, el mejor lugar se le deja.
El consejo a posteriori es como la lluvia tras la cosecha
A falta de corazón, buenas las piernas son.
Ni bebas agua que no veas, ni firmes carta que no leas.
No basta ser bueno, sino parecerlo.
Si quieres que el ciego cante, la limosna por delante.
Yerros por amores, merecen mil perdones.
Acoge lo provechoso y no admitas lo dañoso.
El ocioso e incapaz, carga es para los demás.
Ignorante y burro, todo es uno.
Atender y entender para aprender.
No hay que perder una tripa por no hacer bulla.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
Si encuentras una gran deuda contra un pobre, divídela en tres partes: perdona dos y mantén una.
Lo poco, nunca dio mucho.
Reducimos nuestras necesidades haciendo menores nuestro deseos.
Si dices la verdad, ya tienes un pie en el estribo.
El diablo está en los detalles.
En Diciembre, no hay valiente que no tiemble.
Reniego de grillos, aunque sean de oro fino.
Incauto fui, hasta que cayendo aprendí.
La mona aunque se vista de seda, mona se queda.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Todo tiene su precio, pero hay precios que no merece la pena pagar.
Padecer cochura por hermosura.
Peso y medida, alma perdida.
Reflexionar tres veces antes de obrar.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
No confundas al hombre en el tribunal ni desvíes al justo.
El rostro es el espejo del alma.
Dios da las nueces, pero no las parte.
Abrir al hombre y dar lugar por donde le entren al melonar, sería necedad.
Siempre habla quien menos puede.
El buen vino no merece probarlo, quien no sabe paladearlo.
El ceremonial es el humo de la amistad