A cada cajón, su aldabón.
Bien está cada piedra en su agujero.
¡Cómo sufre mi pecho que late!
¿Qué haces, bobo?. Bobeo: escribo lo que me deben y borro lo que debo.
Entre el si y el no de una mujer, no cabe ni la cabeza de un alfiler.
Cada pelo hace su sombra en el suelo.
No gastes pólvora en gallinazos.
Si no puede edificar una casa, construye un corazón.
Mujer refranes, muller puñetera.
La escama de los besugos puede ser nuestro verdugo.
La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
Mal se conciertan dos pobres en una puerta.
No puede el hombre huir la fortuna que le ha de venir.
Más vale loco que necio.
De las angustias, la muerte; de las fieras, las mujeres.
El agua tiene babosas.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Si consigues encontrar a un amigo leal y quieres que te sea útil, ábrele tu corazón, mándale regalos y viaja a menudo a verle.
Cada cual en su corral.
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Menos la muerte y la jodienda todo tiene enmienda.
Cuando llora el heredero, sus lágrimas no caen al suelo.
Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.
El lobo no teme al perro pastor, sino a su collar de clavos.
De las palabras, no el sonido sino el sentido.
El que dice tener palabra, al final no te cumple nada.
Quien escribe mucho desvaría
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
Nunca faltan rogadores para mitigar las penas.
Hermoso cagar de ventana, el culo para la calle.
Buena compañía, Dios y Santa María.
El amor y la nariz enrojecida no pueden ocultarse.
El amor es una hierba espontánea
Saber uno los bueyes con que ara.
Suprema Justicia, suprema injusticia,.
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
Dios no podía estar en todas partes, por consiguiente creo a las mujeres.
Prestar a nunca cobrar, llámale dar.
La cabra siempre tira al monte.
El hombre reina y la mujer gobierna.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
No quieras tapar el sol con un dedo.
Por su pico, se pierde el pajarico.
Allí hay verdadera amistad, do hay dos cuerpos y una voluntad.
En la casa que no hay de comer, todos lloran y saben porqué.
Si supiese la hueste lo que hace la hueste, mal para la hueste.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.