Se tragó el mate con bombilla y todo.
Lo que no conviene no viene.
La salud no es conocida hasta que es perdida.
El viejo tiene la muerte ante sus ojos, el joven a su espalda.
En el andar y en el beber se conoce a la mujer.
A quien en su casa era un diablo, cuando se ausenta, tiénenlo por santo.
Dar a guardar las ovejas al lobo.
Cada uno reniega de su oficio, pero no de su vicio.
Más vale onza de prudencia, que arroba de ciencia.
El asno solo en la muerte halla descanso.
Al hambre de siete días, no hay pan duro.
¿De que vas, Santo Tomas?
Algún día cogerá la zorra cabrito.
Día que pasa, día que no, día perdido.
Los hijos de Verdolé, que le enseñan a su padre a joder.
Que no pertenezca a los demás quien puede ser solo suyo
Hijos casados, duelos doblados.
Te puedes arruinar por porfiada y por fiar.
Las palabras sinceras no son elegantes, pero las elegantes no son sinceras.
Esa es carne para los perros.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
No está la Magdalena para tafetanes.
El perro le manda al gato, y el gato a su cola.
Al pan pan y al vino vino, y el gazpacho con pepino.
El que se acuesta con perros, amanece con pulgas.
Hijo malo, más vale doliente que sano.
La religión cala siempre en los estratos pobres
La enfermedad y el anciano, siempre de la mano.
Obra acabada, maestro al pozo.
El que no llora no mama.
Amigo soy leal, hasta salir al umbral.
Lo que no cuesta no vale.
Paciencia, cachaza y mala intención.
Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana.
No hay hermosura sin gordura.
El vino comerlo, y no beberlo.
Grano a grano la gallina llena el buche.
El que fácilmente se enoja, hace locuras.
Entre dos que se quieren con uno que coma basta [y ese que sea yo].
Si el dinero es fuerte, más lo es la muerte.
Dios está en todos lados pero atiende en la capital.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
Un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
Febrero, el mes de los gatos, cayeron en la cuenta y toman todo el año.
Para el tiempo que me queda en el convento, me cago dentro.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
Si quieres la paz, prepara la guerra.
Charlando y andando, sin sentir se va caminado.
Donde pone el ojo, pone la bala.